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Los estudios relacionaron la ingestión de los alimentos con la presencia de hormonas que causan placer en el cerebro. |
Bajar de peso tiene un costo que se
puede medir en cierta mala salud mental, que incluye una caída en el estado de
ánimo y posiblemente también menor desempeño cognitivo, entre quienes eligen
dietas bajas en carbohidratos, las más populares a la hora de perder kilos. Es
que la glucosa que proveen los hidratos de carbono (presente sobre todo en las
pastas, el pan y el arroz pero también, en menor medida, en las frutas) es el
combustible esencial para el funcionamiento cerebral. Y por ende, dejar de
alimentarlo puede ocasionar inconvenientes en las redes neuronales.
Eso es lo que determinó un estudio publicado en la revista Archives of Internal
Medicine de la American Medical Association que comparó durante un año las
reacciones de 118 pacientes obesos a los que se sometió al azar a un régimen con
muy pocos hidratos de carbono y alto en grasa o a otro con poca grasa pero alto
en hidratos de carbono.
Si bien los científicos no hallaron diferencias significativas respecto de las
velocidades de procesamiento de la información en los respectivos cerebros, sí
había cambios mensurables en los estados de ánimo. Tampoco hay referencias
expresas sobre el mecanismo subyacente pero anteriores estudios habían
relacionado la ingestión de los alimentos con la presencia de hormonas que
causan placer en el cerebro.
Razones. Para Mónica Katz, especialista en nutrición de la Fundación Favaloro,
todo tiene que ver con que “el cerebro es glucosadependiente”, es decir,
funciona con ese azúcar como combustible. “Si uno come poco hidratos, el cerebro
tiene poca glucosa disponible y trabaja a media máquina, lo que puede traer
inconvenientes a largo plazo”, señaló la autora del libro No a las dietas. Y
agregó que las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS)
incluyen una dieta de al menos 130 gramos de hidratos para los adultos. “Salvo
que uno tenga una situación muy crítica, por ejemplo que no pueda entrar a un
tomógrafo, ya hay una corriente muy fuerte en los Estados Unidos que trata de
evitar estas dietas porque no son solución”, añadió.
El cerebro, el órgano que distingue a la especie humana y la clave de su éxito
evolutivo, es también uno de los más caros calóricamente. “En adultos –siguió
Katz–, el 25% del gasto calórico total del cuerpo se lo lleva el cerebro. Pero
eso, que puede parecer mucho, en realidad está muy potenciado en los niños,
cuyos cerebros consumen hasta el 83% de lo que se ingiere; al año de edad, ese
porcentaje está en 65%”. Es decir, que un órgano que pesa alrededor del 3% de
todo el cuerpo se lleva ese alto porcentaje de calorías. En ese sentido es que
es ridículo dejarlo expuesto así voluntariamente a la carencia de carbohidratos,
comentó Katz.
Dietas. Para Alberto Cormillot, quien coincide con su colega en que los
carbohidratos son un combustible cerebral esencial, “desde el punto de vista del
adelgazamiento, a un año todas las dietas son iguales”. Lo que sucede es que
“las que tiene más proteínas y menos carbohidratos son más efectivas a corto
plazo y estimulan más a los pacientes por el refuerzo que significa obtener
recompensas”. Pero todas funcionan si el total de calorías es el mismo, remarcó
Cormillot, en total coincidencia con el estudio firmado por los científicos
australianos Carlene J. Wilson y Peter M. Clifton, entre otros. “El paper es
congruente respecto de todo lo que se sabe sobre el tema y los inconvenientes
del descenso de dopamina (u hormona de la felicidad)”, agregó el argentino. Por
esa razón, muchas dietas fallan, ya que además existe una tendencia a mantener
el mismo peso más allá de qué se ingiera.
Así es como en los últimos tiempos, una importante corriente médica revaloriza
la necesidad de evitar dietas y promueve el aumento de la actividad física. Todo
sea por evitar una de las pandemias no contagiosas del siglo XXI: la obesidad.
Una jornada de lucha
Ayer concluyeron las primeras Jornadas Transdisciplinarias de Obesidad que
buscan cambiar el enfoque tradicional del problema, vinculado específicamente a
lo médico. Además de una actividad para los expertos el jueves, ayer sobre el
mediodía hubo un evento urbano en el Obelisco porteño en el que, bajo la batuta
de Alberto Cormillot, se hizo énfasis en la necesidad de comer seis raciones de
frutas y verduras de seis diferentes colores todos los días, para ayudar a
combatir la obesidad y las enfermedades asociadas. Fue en el marco del Día
Nacional de Lucha contra la Obesidad.
Como parte de su lucha contra los kilos de más, Cormillot lanzó una campaña para
difundir que la aparición de manchas en la piel (en cuello, axilas, dedos, codos
o rodillas) puede ser consecuencia de los desórdenes que genera la obesidad
abdominal y un signo de que el corazón está en riesgo.
La acantosis nigricans –de ella se trata– es una enfermedad de la piel y se
recomienda consultar al médico no bien la persona detecte su aparición.