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La historia de Lola Ponce no es nueva. Todos saben que es la argentina que
explotó en Europa gracias a su voz, cuando interpretó a Esmeralda en la ópera
rock Notre Dame de París, con la que hizo más de 600 representaciones. También
que fue la ganadora, junto a Gió Di Tomo, del Festival de la Canción de San Remo
en 2008, que grabó cinco discos, que los italianos mueren de amor por ella y que
acá dio sus primeros pasos en La nena y en Chiquititas. Lo que quizás pocos
sepan, es que diez años de éxito en el Viejo Continente no le restaron los
mejores matices de ser una chica de Capitán Bermúdez, provincia de Santa Fe.
Lola está en la Argentina grabando la versión italiana de la telenovela
colombiana Sin tetas no hay paraíso. La instalaron en el Hotel Faena pero ella
es "cero diva": manda mensajitos para ver si uno ya está en zona, recibe al
equipo de Clarín en su cuarto sin problemas, sirve capuchinos, pide dulces para
acompañarlos y hasta entrega, por si acaso, una carpeta con material sobre su
trabajo. Una buena anfitriona.
"Sin tetas no hay paraíso es una miniserie de 12 capítulos con una producción
increíble. Mi personaje es una ragazza diabolesca, una chica ambiciosa y libre,
combatiendo todo el tiempo con sus ambiciones. Lo opuesto a mí", asegura Lola al
tiempo que se acomoda en el sillón de pana roja. Y sigue: "Después de haber sido
Esmeralda, de hacer La bella durmiente para Disney, o Cenicienta 2000 (un
telefilme dirigido por Roberto Malenotti que se grabó el año pasado en Buenos
Aires) necesitaba un personaje jugado, me lo pedía el cuerpo."
- ¿Qué te atrajo de la historia, además del personaje?
- Me guío mucho por la intuición. Y pasó esto: en mi último viaje a la
Argentina, cada vez que me ponía frente al televisor estaban dando Sin tetas no
hay paraíso y me encantaba. Después, voy a visitar una amiga de mi hermana y me
habla de la novela. Vuelvo a Italia a terminar un filme que se estrenará en el
Festival de Venecia (La bellezza del Somaro, de Sergio Castellitto) y le pido a
mi agente que averigüe sobre este proyecto que se rumoreaba que se iba a hacer
en versión miniserie. Enseguida me responde que están locos por verme y que me
esperan al día siguiente, casi a la hora que debía tomar un vuelo para irme a
cantar. Por supuesto que fui. Y al venirme a la Argentina por Cenicienta me
avisaron que me habían asignado el rol.
- ¿Hay cambios con respecto a la original?
- Los narcos acá van a ser la mafia y la historia se ambienta en Roma, así
que tiene otro anclaje. Siempre quise fusionar las dos tierras que amo, Italia y
la Argentina. Mis abuelos paternos, eran italianos, de Verona, así que de ahí
debe venir mi empeño. Hice mucha fuerza con Cenicienta para que la historia se
rodara en Argentina y terminara en Italia. Y a ellos les encantó ver cómo se
trabaja en la Argentina, el talento que hay acá. Lo mismo pasa con Sin tetas...
Una curiosidad es que es la segunda vez que trabajo con Mónica Gonzaga: fue mi
madrastra en Cenicienta y ahora hace de mi mamá. Es muy profesional.
- ¿Qué recordás de la primera vez que pisaste Italia?
- Hice un primer viaje con mi primer disco, Inalcanzable, que funcionó muy
bien en España, donde viví un año. Ahí me vio Ricardo Cocciante, para mí el
máximo cantautor italiano y autor de Notre Dame, y pensó en mí como Esmeralda.
Me mandó el libro y me enamoré de la historia y del personaje. Aprendí en un par
de días todo el texto y las canciones. Recuerdo la audición porque éramos 3 mil
candidatas y yo apenas tenía 19 años. Terminé y me dijo: "Hola, Esmeralda". Y yo
casi muero. Regresé a Argentina y tomé la gran decisión. Era la apuesta italiana
más grande a nivel económico y artístico. Me estaban dando la oportunidad de
hacer ópera rock en un proyecto imperdible.
- ¿Qué fue lo más difícil?
-
La soledad. Tengo una familia de hierro que se fueron alternando para
acompañarme, pero no tenés la cosa cotidiana de estar todos juntos. Mi madre, al
cerrarme la valija me dijo: "Lola, andá a hacer lo que tengas que hacer. Si no
te sentís cómoda, acá te vamos a estar esperando". Fue muy sabia, porque no
sentí el desarraigo. Además, siempre pensé que el arte es eso, trascender
fronteras. Y ya hace una década que estoy viviendo en Italia.
- ¿Creés que acá se te valora más por haber montado una carrera internacional?
-
No lo pienso. Uno es dueño de su destino, más allá de qué quieran opinar los
otros sobre lo que uno hace.
- ¿Pensás en la vuelta?
- No todavía. Tengo mucho más para hacer y dar. Soy mi propia inventora, esto es
una cosa de mucha disciplina, así que sigo estudiando canto y todo lo que pueda
servirme; compongo y trabajé durísimo en Desnuda, mi primer disco con todos
temas de mi autoría. Lo empecé a componer en un viaje a Egipto, lo seguí en
Italia y lo termino acá, así que imaginate la polenta que tiene. Con este
material, en español, quiero presentarme aquí y en Latinoamérica. Voy a
aprovechar estos dos meses que me quedo en la Argentina para ir mostrándolo de a
poco.
- ¿Cómo vive tu familia el reencuentro "local"?
- Estamos todos encantados. Ellos han visto casi todo mi trabajo. Pero hay
momentos en que te pasan cosas, y deseás que estuvieran con vos. Pero ese es el
precio que debo pagar. Y lo vale porque ellos me respetan y me aman muchísimo,
más allá de cómo me vaya en mi carrera. Me ocupo muchísimo de mi trabajo pero,
aunque no lo crean, sobre todo trabajo en mí como persona.
- ¿De qué manera?
- Soy muy espiritual, le doy a la vida el valor que de verdad tiene. Me gusta leer
la Biblia, la Kabbalah, cosas de Budismo. Mi trabajo, además de la pasión y del
amor, tiene una veta de solidaridad. Mi meta es laburar y laburar para crear un
nombre y a partir de ahí poder hacer cosas que le hagan bien a un montón de
personas. Si no, no tendría sentido hacer todo lo que hago. Para mí fue muy
importante que me invitaran a cantar en Venezuela por Haití. El 26 de marzo me
voy, además, a Roma. Es para un evento solidario de la Policía de Estado, que
promueve la música, y en el que me eligieron madrina. Es un honor. Están
invitados muchísimos artistas, como Andrea Bocelli.
- Tu trabajo te contactó con figuras como George Clooney o Brad Pitt. ¿Qué te
genera?
- Tengo claro que no es algo cotidiano, por supuesto. También (Leonardo) Di Caprio
se me acercó para decirme que tenía la voz de un ángel. Y Andy García... Fue muy
lindo pero pienso que las personas valen por lo que son, más allá de por lo que
representan.
-
¿Hay oportunidad, entre tanto glamour, de conocerlos fuera del rol de
celebridad?
- Sí. En realidad, al que más conozco es a George Clooney. Lo conocí en una
fiesta, en Cannes. Después lo encontré varias veces, estando yo con mi novio. Es
un señor: él sí que cumple la regla que dice que los más grandes son los más
humildes. La última vez en Cannes estuve con Angelina Jolie y Brad Pitt. Estaba
cantando boleros en un piano y ella se me acercó para felicitarme. Es muy
amable.
- Hablando de hombres, ¿seguís de novia?
- Mi corazón está en llamas.
- Entonces estás sola otra vez después de mucho tiempo, ¿no?
- Salimos cinco años y medio. Nunca hablé de mi vida privada así que decidí
poner todo lo que siento en mi corazón en mis canciones.
- Bueno, pero podemos avisar a los muchachos que se pueden acercar.
- (Se ríe) Algunos cuentan todo, pero no es mi caso.
- El productor Harvey Weinstein ("Cinema Paradiso", "Bastardos sin gloria")
te convocó para un musical en Broadway. ¿En qué quedó el tema?
- Tuvimos una reunión, pero ellos están escribiendo en este momento otro
musical. Yo no tengo apuro porque recién ahora estoy haciendo equilibrio entre
Europa y Latinoamérica. Mientras grabo acá debo viajar para hacer presentaciones
en Italia, en Miami, y en junio voy a interpretar Los prometidos en la Scala de
Milán. Tengo un huracán dentro de mí, así que tengo que calmar un poco todo este
fuego.
- El año pasado se te involucró con las fiestas de Berlusconi. ¿Esa es la
parte ingrata de la popularidad?
- Pero no, para mí fue un honor cantar para él, así como lo hice para
tantísimas personalidades. Tiene mi respeto por ser el presidente de una nación.
La única información justa la dio Clarín. Yo fui a cantar. Nada más. Lo que se
dijo no me afectó en nada. Ni lo tuve en cuenta. Tanto es así que este es un
momento mágico para mí. Y voy por más.
Y sí, el torbellino no para.
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