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"Ve a tu casa, toma una bolsa de papel y recorta dos círculos. Ponla sobre tu
cabeza, desnudate y mirate en el espejo. Así evaluarás cuáles son tus fortalezas
y debilidades, pero sé honesta."
Joan Holloway (Christina Hendricks) - Mad Men
Cuando Joan aparece por primera vez en la sublime Mad Men, uno tiene la certeza
de que no podría haber otra actriz en el mundo para interpretarla que Christina
Hendricks. Manager de secretarias de una agencia de publicidad, Joan es una
rareza en los 60, una mujer independiente, conciente de esas fortalezas que pide
que se examinen y, sobre todo, un torbellino que combina brusquedad, pasión e
incluso reserva. Uno sabe que puede confiar en Joan, pero al mismo tiempo uno
sabe que ella siempre está pensando un paso más adelante.
Las mujeres verdaderas tienen curvas
"Joan es maravillosa y cuando todo el mundo habla de ella como si se tratase de
un icono, no puedo evitar sonrojarme. En un mundo de hombres, ella aporta
sexualidad y tenacidad, sin nunca dejar de ser divertida", dice Hendricks del
papel que por fin la alejó de esos infames roles secundarios de ciertas series
donde, muy a su pesar, la actriz no era más que una pieza poco funcional al
elenco o bien una invitada que no trascendía. Así fue como estuvo en Kevin Hill,
Cold Case, Jake in Porgress, Without a Trace y Las Vegas, entre otras, sin
levantar demasiada polvareda.
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Christina Hendricks levanta temperatura en Mad Men caracterizando a Joan.
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Sin embargo, para que llegara Mad Men, unos cuantos años antes tenía que pasar
por Firefly, donde, con apenas dos participaciones, un grande como Joss Whedon
le daba el papel de Saffron, papel por el que ahora todos queremos recordarla.
Que Whedon tiene ojo para los actores no es secreto (Nathan Fillion, Neil
Patrick Harris, Sarah Michelle Gellar) y quizás con él estemos en deuda por el
ascenso de Hendricks a otra escala televisiva. Porque ahora, la chica nacida
rubia (sí, rubia) en Tennessee es una suerte de icono (como lo es Joan de ese
"segundo sexo" del que escribía Simone de Beauvoir) de las figuras curvilíneas.
Recientemente, la revista Esquire la denominó como la "mujer más sexy del
mundo", papel que Hendricks exuda al mimetizarse con Joan, no en lo cotidiano.
"No siento que deba estar pendiente de tener un cierto grado de belleza. Tampoco
quiero privarme de ciertas cosas o castigarme, es siempre refrescante ver
figuras femeninas distintas e igualmente atractivas", declaró.
La fierecilla indomable
Como no podía ser de otra manera, las comparaciones con Marilyn Monroe no
tardaron en llegar y, aunque claramente excesivas y ceñidas solo a lo físico,
tampoco están tan erradas. Hendricks vino a ocupar el lugar de una mujer
voluptuosa, como America Ferrera lo había hecho un tiempo atrás sellando el
propósito con Ugly Betty. Sin embargo, el encanto de Hendricks pasa por otro
lado y, aunque su encendida cabellera roja y su físico son lo que hacen a Joan
ser Joan (como el look de fetiche hitchcockiano no le podría pertenecer a otra
que a Betty Draper/January Jones), también está esa densidad interpretativa, tan
sutil como intensa.
Hendricks hizo de Joan una heroína televisiva quien pasó desde la seguridad más
incuestionable (el role model que cumplía con la entonces prístina Peggy en la
primera temporada), el erotismo bisexual (sus affaires calculadamente
controlados, muy sixties, y la excitación que generaba en el sexo opuesto) hasta
la vida de ama de casa más prototípica de la época. En un capítulo de la tercera
temporada titulado "My Old Kentucky Home", Joan, a pedido de su marido, debe
entretener a sus invitados tocando el acordeón y cantando en francés. Son apenas
unos minutos en los que Hendricks, valiéndose de pocos gestos, hace que nos
duela ver a Joan en el papel de mujer domesticada.
Por esa escena y otras tantas memorables que los seguidores de Mad Men
seguramente recuerdan, Hendricks se ganó no solo una merecida nominación a los
Emmy sino un lugar en el universo televisivo de la mano de una heroína que es
más que mero impacto visual. Si no, vean el final de la tercera temporada, donde
Joan hace un regreso triunfante para poner todo en su lugar. Como solo ella sabe
hacerlo.
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