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Luli Fernández: “No tengo techo, puedo ser una número uno”

 

Cada vez más consolidada como conductora regresó a la pantalla chica al frente del programa Hombre al agua por El Trece. Si bien está en pareja hace diez meses con el delantero de Boca, Pablo Mouche, se distancia del calificativo de botinera y asegura que jamás podría relegar su carrera por un hombre.


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Luli es más que una chica del momento. Y son varios los motivos que la ubican en este lugar. Por empezar, luego de estar a fines del año pasado al frente de Hoy es tu día, se tomó un descanso para analizar propuestas (hasta se animó a rechazar una participación en el matutino AM por Telefé) y retornó a la tevé para conducir Hombre al agua, por El Trece, (el programa de sueños que condujo con Horacio Cabak) junto a Iván de Pineda. Además, sigue siendo elegida para protagonizar importantes campañas de ropa y belleza, como la de Head & Shoulders. O la gráfica internacional de la firma deportiva Umbro que, en ocasión del Mundial, escogió ocho modelos en pareja con futbolistas para que vistan los colores del país de origen del jugador; en su caso el celeste y blanco que la une al delantero de Boca Juniors, Pablo Mouche. “Me enorgullece haber sido elegida entre miles de chicas del mundo y representar a Argentina”, cuenta.

Algunos podrían animarse a deslizar que es una botinera, ese mote tan en boga en la actualidad, pero ella se adelanta y asegura: “La gente sabe que no me colgué de nadie para ser famosa. A mí me conocen desde hace mucho, antes de empezar esta relación”. Después, con la locuacidad y energía que la caracterizan (es casi imposible frenar la catarata de palabras que sale de su boca) refuerza la idea de que siente pasión por lo que hace y confiesa sus ansias de convertirse en una verdadera número uno. “Pienso que estoy en camino”, remata.

-¿Te ves ya asentada como conductora?
-¡No! Para nada. Me parece que éste es un terreno en el cual siempre existen cosas por aprender. Me animaría a decir que sólo Mirtha (Legrand) y Susana (Giménez) están consolidadas en la tele. Sí hay algo que me beneficia: son pocas las chicas de mi generación que están incursionando en el rubro; todas se inclinan por la actuación. Eso me permite ocupar un lugarcito vacante y me encanta porque me gusta demostrar que soy algo más que una cara bonita.

-¿Qué características creés que te pintan de pies a cabeza en este rol?
-Soy la misma persona frente a la cámara que en mi mundo privado. No hay diferencias. Trabajo desde los 14 con continuidad y no tuve tiempo de generar un personaje, como hacen otras. Mi diferencial es que soy yo misma. Si tuviera que remarcar otra cualidad te diría que aprendí a manejar diferentes climas al aire. Reconozco el mérito y estoy orgullosa.

-El año pasado, junto a Roberto Petinatto, como panelista en Un mundo perfecto mostraste un perfil irónico e irreverente. Ahora te inclinaste hacia los programas con tónica familiar, ¿Cuál es el costado que más te identifica?
-Tengo 22 años y a esta edad se mezclan todas esas características que mencionás. Como todas las mujeres soy súper versátil y tengo mi faceta pícara y ácida. Eso es inherente a las chicas y ¡a mí me encanta! (risas). Me siento cómoda en todos los roles porque no careteo frente a la cámara. Eso se nota.

-Muchas modelos decidieron virar su carrera a un perfil más mediático o escándaloso, ¿por qué buscaste tomar un camino diferente?
-Las cosas se fueron dando. Nunca me subestimé. Siempre confié en lo que podía llegar a dar. Preferí tomar el camino de la capacitación, no del escándalo. Me pongo a prueba todo el tiempo y soy una apasionada de lo que hago. Hacer papelones no es mi esencia, no tengo conflictos ni confronto con nadie porque no sirvo para eso. Pero reconozco que en este medio es un don hacer escándalos, aunque tenés que estar psicológicamente muy fuerte para bancártelo. Me han dicho que soy petisa y muy morocha, pero me tuvo sin cuidado. Nunca me enganché midiéndome con la de al lado. Es más, arranqué con el mote de la “nueva Pampita (Ardohain)”, una comparación enorme, casi imposible de superar, pero nunca me importó ni me condicionó. Pampita sigue siendo ella y yo ya tengo mi lugar. Soy Luli Fernández y la gente lo sabe muy bien.

-¿Siempre soñaste con este espacio?
-Estoy en el camino que ansié hacer y de la forma que siempre quise. No tranzo con nada que no me cope. No necesité jamás estar con un empresario de la tele para llegar a ser quien soy. Entiendo que ese tipo de cosas son pasaportes al éxito, pero como te suben te bajan. Cumplí mis ambiciones con esmero y me enorgullezco porque si quiero comprarme mi casa, lo puedo hacer y si quiero una cartera de una marca de lujo no me la tiene que regalar mi novio. De esa manera lo disfruto el doble, porque es mérito propio. Yo canalizo mi energía en mí, por eso pienso que no tengo techo y puedo llegar a ser una número uno.

-Hablemos un poco de amor...
-(Interrumpe). Sí, estoy muy enamorada de Pablo hace ya unos meses y estoy muy feliz.

-¿Cómo se conocieron?
-Vino de invitado al programa Área 18 (magazine deportivo que conducía por TyC Sports) cuando estaba todavía de novia con otro chico. Le interesé enseguida, pero se me acercó y obviamente no pasó nada. Cuando me separé, una productora me contactó con él. Insistió mucho hasta que se dio, empezamos a salir y estuvimos con idas y vueltas durante un año. Pero desde hace diez meses puedo confirmarte que ya es mi novio.

-¿Cómo logró conquistarte? ¿Por la insistencia?
-No, él es una persona maravillosa. Vivo una relación mucho más real que la anterior con Gerónimo, que era a distancia. Tenemos un vínculo sano, somos muy apasionados y empujamos para el mismo lado. Pablo es un gran compañero, además de un ser muy inteligente. Me enamoró también esa combinación perfecta de hombre maduro y la frescura de un niño. Me hace morir de risa y a su vez percibirme una mujer con todas las letras. Junto a él me siento todos los días una reina.

-¿Cómo te cae el título de botinera?
-No tengo ganas de que me rotulen ni de encasillarme. Por lo que entiendo, una botinera representa a una chica que se cuelga de un jugador de fútbol para conseguir algo. Me parece que está lo suficientemente claro que no lo necesito y ni loca lo haría. No me considero tan limitada como para entregar mi vida a una persona por el mero hecho de obtener una tapa de revista. Puedo llegar a lo que quiero por mis propios medios. Pablo me hace feliz y me tiene sin cuidado su trabajo.

-¿Y qué opinás de las que se cuelgan de los jugadores para buscar fama?
-Cada quien decide cómo perder el tiempo. Yo no tengo ni un minuto que desperdiciar, quiero hacer miles de cosas en mi vida y las horas pasan volando. Me alegra que existan estas chicas, así tenemos más chances las que queremos triunfar.

-¿Relegarías tu carrera si a Pablo lo transfieren a otro país?
-Cuando una está dispuesta a consolidar un vínculo, sabe cuáles son las reglas del juego. Pero ¡ojo!, yo jamás haría a un lado mi trabajo. Dejar todo me descolocaría. Si me tocara irme a otro país, ¿cuál sería el problema? Hay tele en todos lados.

-¿Tenés ganas de ser mamá?
-Sí, desde toda la vida, soy la típica Susanita. No ahora, me parece que es muy pronto, pero tampoco a los treinta años. Todo aparece en el momento en que tiene que llegar. Estoy convencida de eso.

-¿Y la boda es un plan cercano?

-Soy muy creyente y siempre lo deseé. No tengo tampoco la idea fija de casarme ya porque nunca estuve desesperada por nada en mi vida. Estoy convencida de que Dios está de mi lado y me alumbra el camino para mostrarme que lo mejor está por venir.


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