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Luli es más que una chica del momento. Y son varios los motivos que la ubican en
este lugar. Por empezar, luego de estar a fines del año pasado al frente de Hoy
es tu día, se tomó un descanso para analizar propuestas (hasta se animó a
rechazar una participación en el matutino AM por Telefé) y retornó a la tevé
para conducir Hombre al agua, por El Trece, (el programa de sueños que condujo
con Horacio Cabak) junto a Iván de Pineda. Además, sigue siendo elegida para
protagonizar importantes campañas de ropa y belleza, como la de Head & Shoulders.
O la gráfica internacional de la firma deportiva Umbro que, en ocasión del
Mundial, escogió ocho modelos en pareja con futbolistas para que vistan los
colores del país de origen del jugador; en su caso el celeste y blanco que la
une al delantero de Boca Juniors, Pablo Mouche. “Me enorgullece haber sido
elegida entre miles de chicas del mundo y representar a Argentina”, cuenta.
Algunos podrían animarse a deslizar que es una botinera, ese mote tan en boga en
la actualidad, pero ella se adelanta y asegura: “La gente sabe que no me colgué
de nadie para ser famosa. A mí me conocen desde hace mucho, antes de empezar
esta relación”. Después, con la locuacidad y energía que la caracterizan (es
casi imposible frenar la catarata de palabras que sale de su boca) refuerza la
idea de que siente pasión por lo que hace y confiesa sus ansias de convertirse
en una verdadera número uno. “Pienso que estoy en camino”, remata.
-¿Te ves ya asentada como conductora?
-¡No! Para nada. Me parece que éste es un terreno en el cual siempre existen
cosas por aprender. Me animaría a decir que sólo Mirtha (Legrand) y Susana
(Giménez) están consolidadas en la tele. Sí hay algo que me beneficia: son pocas
las chicas de mi generación que están incursionando en el rubro; todas se
inclinan por la actuación. Eso me permite ocupar un lugarcito vacante y me
encanta porque me gusta demostrar que soy algo más que una cara bonita.
-¿Qué características creés que te pintan de pies a cabeza en este rol?
-Soy la misma persona frente a la cámara que en mi mundo privado. No hay
diferencias. Trabajo desde los 14 con continuidad y no tuve tiempo de generar un
personaje, como hacen otras. Mi diferencial es que soy yo misma. Si tuviera que
remarcar otra cualidad te diría que aprendí a manejar diferentes climas al aire.
Reconozco el mérito y estoy orgullosa.
-El año pasado, junto a Roberto Petinatto, como panelista en Un mundo
perfecto mostraste un perfil irónico e irreverente. Ahora te inclinaste hacia
los programas con tónica familiar, ¿Cuál es el costado que más te identifica?
-Tengo 22 años y a esta edad se mezclan todas esas características que
mencionás. Como todas las mujeres soy súper versátil y tengo mi faceta pícara y
ácida. Eso es inherente a las chicas y ¡a mí me encanta! (risas). Me siento
cómoda en todos los roles porque no careteo frente a la cámara. Eso se nota.
-Muchas modelos decidieron virar su carrera a un perfil más mediático o
escándaloso, ¿por qué buscaste tomar un camino diferente?
-Las cosas se fueron dando. Nunca me subestimé. Siempre confié en lo que
podía llegar a dar. Preferí tomar el camino de la capacitación, no del
escándalo. Me pongo a prueba todo el tiempo y soy una apasionada de lo que hago.
Hacer papelones no es mi esencia, no tengo conflictos ni confronto con nadie
porque no sirvo para eso. Pero reconozco que en este medio es un don hacer
escándalos, aunque tenés que estar psicológicamente muy fuerte para bancártelo.
Me han dicho que soy petisa y muy morocha, pero me tuvo sin cuidado. Nunca me
enganché midiéndome con la de al lado. Es más, arranqué con el mote de la “nueva
Pampita (Ardohain)”, una comparación enorme, casi imposible de superar, pero
nunca me importó ni me condicionó. Pampita sigue siendo ella y yo ya tengo mi
lugar. Soy Luli Fernández y la gente lo sabe muy bien.
-¿Siempre soñaste con este espacio?
-Estoy en el camino que ansié hacer y de la forma que siempre quise. No
tranzo con nada que no me cope. No necesité jamás estar con un empresario de la
tele para llegar a ser quien soy. Entiendo que ese tipo de cosas son pasaportes
al éxito, pero como te suben te bajan. Cumplí mis ambiciones con esmero y me
enorgullezco porque si quiero comprarme mi casa, lo puedo hacer y si quiero una
cartera de una marca de lujo no me la tiene que regalar mi novio. De esa manera
lo disfruto el doble, porque es mérito propio. Yo canalizo mi energía en mí, por
eso pienso que no tengo techo y puedo llegar a ser una número uno.
-Hablemos un poco de amor...
-(Interrumpe). Sí, estoy muy enamorada de Pablo hace ya unos meses y estoy
muy feliz.
-¿Cómo se conocieron?
-Vino de invitado al programa Área 18 (magazine deportivo que conducía por
TyC Sports) cuando estaba todavía de novia con otro chico. Le interesé
enseguida, pero se me acercó y obviamente no pasó nada. Cuando me separé, una
productora me contactó con él. Insistió mucho hasta que se dio, empezamos a
salir y estuvimos con idas y vueltas durante un año. Pero desde hace diez meses
puedo confirmarte que ya es mi novio.
-¿Cómo logró conquistarte? ¿Por la insistencia?
-No, él es una persona maravillosa. Vivo una relación mucho más real que la
anterior con Gerónimo, que era a distancia. Tenemos un vínculo sano, somos muy
apasionados y empujamos para el mismo lado. Pablo es un gran compañero, además
de un ser muy inteligente. Me enamoró también esa combinación perfecta de hombre
maduro y la frescura de un niño. Me hace morir de risa y a su vez percibirme una
mujer con todas las letras. Junto a él me siento todos los días una reina.
-¿Cómo te cae el título de botinera?
-No tengo ganas de que me rotulen ni de encasillarme. Por lo que entiendo,
una botinera representa a una chica que se cuelga de un jugador de fútbol para
conseguir algo. Me parece que está lo suficientemente claro que no lo necesito y
ni loca lo haría. No me considero tan limitada como para entregar mi vida a una
persona por el mero hecho de obtener una tapa de revista. Puedo llegar a lo que
quiero por mis propios medios. Pablo me hace feliz y me tiene sin cuidado su
trabajo.
-¿Y qué opinás de las que se cuelgan de los jugadores para buscar fama?
-Cada quien decide cómo perder el tiempo. Yo no tengo ni un minuto que
desperdiciar, quiero hacer miles de cosas en mi vida y las horas pasan volando.
Me alegra que existan estas chicas, así tenemos más chances las que queremos
triunfar.
-¿Relegarías tu carrera si a Pablo lo transfieren a otro país?
-Cuando una está dispuesta a consolidar un vínculo, sabe cuáles son las
reglas del juego. Pero ¡ojo!, yo jamás haría a un lado mi trabajo. Dejar todo me
descolocaría. Si me tocara irme a otro país, ¿cuál sería el problema? Hay tele
en todos lados.
-¿Tenés ganas de ser mamá?
-Sí, desde toda la vida, soy la típica Susanita. No ahora, me parece que es muy
pronto, pero tampoco a los treinta años. Todo aparece en el momento en que tiene
que llegar. Estoy convencida de eso.
-¿Y la boda es un plan cercano?
-Soy muy creyente y siempre lo deseé. No tengo tampoco la idea fija de casarme
ya porque nunca estuve desesperada por nada en mi vida. Estoy convencida de que
Dios está de mi lado y me alumbra el camino para mostrarme que lo mejor está por
venir.
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