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El final fue idílico. Con la marcha radical sonando a todo
volumen, Julio Cobos y Ricardo Alfonsín levantaron sus manos unidas en señal de
victoria y, sobre todo, de unidad.
Fue la imagen que los dos habían venido a buscar, aunque el vicepresidente pagó
el costo más alto: tuvo que soportar un clima hostil, en una Federación de Box
copada por el alfonsinismo porteño, con vivas permanentes en favor del diputado
de Chascomús. "¡Se siente, se siente, Ricardo presidente!", fue el cántico más
repetido junto con algunos silbidos, que Cobos aguantó con cara de póquer.
En cambio, el presidente de la UCR, Ernesto Sanz, y los jefes de los bloques de
la UCR en Diputados, Oscar Aguad, y en el Senado, Gerardo Morales, hicieron
gestos de disgusto. Al fin y al cabo, el acto había sido pensado para mostrar un
radicalismo unido y sin divisiones.
Más allá de la anécdota, que corrió por cuenta de la militancia, el objetivo se
cumplió. Alfonsín y Cobos se dieron la mano, se palmearon la espalda, se
sentaron juntos y se defendieron mutuamente.
"Era su pueblo y, como autoridad de la Cámara de Diputados, era su obligación
estar", dijo Cobos a La Nacion, en defensa de la presencia de Alfonsín en un
acto con la presidenta Cristina Kirchner en Chascomús.
Esa foto había desatado las críticas de Elisa Carrió y de varios cobistas, pero
el vicepresidente se distanció de eso. "Era un homenaje a mi padre, pero es un
anécdota ya superada"; también evitó polemizar Alfonsín, que auguró "muchos más
encuentros" con el vicepresidente.
Además, los dos confirmaron que trabajan en un acuerdo de gobernabilidad con
otras fuerzas políticas de cara a 2011. "Cada partido pone su impronta, pero los
problemas estructurales del país tienen que resolverlos toda la dirigencia", en
palabras del vicepresidente.
Los dos hicieron estas declaraciones cuando ingresaban en el gimnasio de Castro
Barros, porque esta vez ellos no fueron los oradores. La excusa fue celebrar los
120 años de la Revolución del Parque contra el régimen de Juárez Celman (hito
fundacional de la UCR) y, de paso, poner en funciones a las nuevas autoridades
de la UCR Capital.
Pero el protagonista del acto fue Sanz, el último orador y el más festejado. El
presidente de la UCR dijo que su partido quiere "gobernar la Argentina para
dejar de ser un país de promesas y pasar a ser un país de progresos".
Admitió que "no se pueden hacer coaliciones para ganar, sino para gobernar", y
sólo tuvo elogios para Cobos y Alfonsín, los dos precandidatos presidenciales de
su partido. "Son un orgullo para la UCR, y les pido a todos, propios o no, que
los cuidemos y los acompañemos", dijo Sanz, probablemente pensando en las
recientes críticas de Carrió.
Antes de él, el jefe de la UCR porteña, Carlos Mas Vélez, embistió contra la
gestión de Mauricio Macri y llamó a la UCR a "proponer una alternativa
progresista para resolver los problemas de los argentinos".
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