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Con la mira en 2011, Néstor Kirchner se abraza a los
símbolos. Primero fue el PJ. Ahora llegó el turno de Evita. Siete años después
de su llegada al poder, el ex presidente encabezó ayer su acto más importante en
recuerdo de la “ abanderada de los humildes” , a 58 años de su muerte.
Abrazado a esa bandera, planteando analogías entre las luchas de Eva Duarte de
hace más de medio siglo y las de Cristina Fernández hoy, contra “los poderosos y
las corporaciones” , el ex presidente no se olvidó de fustigar a la oposición,
un punto siempre alto de sus últimos discursos.
“Aquellos que en las elecciones de 2009 decían que querían un Congreso no
hegemónico, transformaron al Congreso en una máquina de impedir ”, dijo el
diputado Kirchner, que parece dispuesto a eludir esa “maquinaria” ausentándose
casi siempre de las sesiones.
“¿No les bastó con quebrar la Patria en el 2001, con el corralito, con quedarse
con los ahorros, con el trabajo de la gente, que quieren seguir jugando en la
cubierta del Titanic con los intereses y las ilusiones de nuestro pueblo?”, se
preguntó, antes de convocar a la defensa del gobierno de su esposa.
La marcha había sido convocada por la CGT y el Movimiento Evita. Ortodoxia
sindical y piqueteros, representantes del amplio abanico ideológico que siempre
barrió el peronismo y que Kirchner vuelve a unir.
Centenares de micros que traían a los militantes de los rincones más pobres del
conurbano estacionaron desde temprano sobre la 9 de julio. Algo de clase media
se sumó al pie del edificio del ex Ministerio de Obras Públicas desde el que
Evita pronunciara su histórico renunciamiento . Y desde allí, cuando el sol ya
había caído, cerca de 50 mil personas marcharon hacia el bajo en medio de las
antorchas .
Las había con velas protegidas por botellas de plástico cortadas, de trapos
embebidos en alcohol y, las más modernas, con cañas de bambú portamecheros.
Al frente estaban, entre otros, los sindicalistas Omar Viviani, Omar Plaini,
Juan Carlos Schmid y Antonio Caló y los líderes del Evita, Emilio Pérsico y
Fernando “Chino” Navarro. Hugo Moyano, que salía de una gripe que lo tuvo en
cama una semana, prefirió esperarlos en la sede de la CGT .
Tampoco marchó Kirchner, que se unió en el tercer piso de la sede de Azopardo
con los ministros Amado Boudou, Carlos Tomada, Florencio Randazzo y Débora
Giorgi. Kirchner y Daniel Scioli aprovecharon para conversar un largo rato. ¿Los
infaltables intendentes del conurbano? Pocos, muy pocos ( ver pág. 5 ).
Pasadas las 20, Kirchner y Moyano - campera de cuero negro y camisa rayada para
ambos , inusual barba de dos días para el camionero- bajaron a la calle y
caminaron una cuadra hasta el escenario de Paseo Colón e Independencia. Todos
siguieron detrás.
La obsesión por empezar el acto a las 20.25 se pasó de largo. Ya a las 20.21 la
celebre locución de Jorge Furnot anunció la “ entrada en la inmortalidad” de
Evita , siguió un minuto de silencio, sirenas, aplausos, el “se siente/se
siente/Evita está presente” , el Himno Nacional y arrancaron los discursos.
Habló Pérsico de “reunificar a la clase trabajadora para que sea protagonista de
este proceso político” y dijo que “el 82% móvil para los jubilados es una
bandera de este proyecto y no de la oposición” .
Cuando Moyano comenzó recordando que su primer juguete lo había recibido de
manos de Evita, Kirchner no pudo evitar comentar por lo bajo “seguro que fue un
camioncito”.
El líder de la CGT apuntó a los que “traicionaron la Patria en los 90,
quitándole conquistas a los trabajadores”. Y Kirchner, ya en el micrófono,
completó la idea. “Que no vuelvan los viejos fantasmas del pasado”, pidió. “No
es cierto que los aumentos de salarios generen inflación. Tenemos riegos de
inflación cuando alguien se lleva más renta de lo que corresponde”, complació a
su audiencia sindical.
“Muchas veces me he dejado llevar por la bronca, pero he aprendido el mensaje de
Eva Perón a no responder los agravios y poner la otra mejilla”, concluyó
Kirchner con una esbozo de autocrítica.
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