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María Laura Santillán: “No me gustan los que opinan de todo”

María Laura Santillán junto a Santo Biasatti conducen Telenoche. Además lleva adelante "Argentina para Armar" en el canal de noticias TN. La intimidad de su trabajo en la tele y la pelea con el Gobierno. Poder, soberbia y cuestiones de género.

 

María Laura Santillán, junto a Santo Biasatti, son la cara visible de Telenoche, el noticiero del canal Trece.

 

Es mediodía y en su casa de Belgrano la periodista está terminando una nota que tiene que mandar urgente al suplemento Mujer de Clarín. Sus dos hijas, de 8 y 16 años, andan por ahí con un perro querendón que quiere venir a saludar. María Laura llega disculpándose por la demora, con jeans y sin maquillaje, su estilo habitual cuando no trabaja.

Termina así el año que le trajo una novedad halagadora: la empresa L`Oréal la eligió como imagen argentina de su crema facial Revitalift, después de encargarle a la consultora Gallup un test de celebrities para detectar a la mujer con mayor credibilidad y popularidad en el país.

-  ¿Puede disfrutar de lo que consiguió o es de los que siempre tienen una cuota de insatisfacción?
- No, no soy alguien insatisfecho. Trato de pasarla bien y disfrutar. Si se trata del trabajo lo disfruto un montón. Haciendo lo que uno le gusta está casi como en trance, es una sensación muy fuerte, de mucho placer.

- ¿Le gusta verse en pantalla?
- No. Ahora empecé a organizar un archivo porque a veces necesito volver a ver algo que hice. Pero por verme, no. Tal vez algún programa que se repite, pero en general no lo termino… no suelo mirarme a mí, suelo ver el programa…

- Pero de usted, ¿qué ve?
- Lo primero que veo de mí es si estoy bien, si estoy linda. Si me queda bien tal color. Y ahí paro. Después sólo registro lo que está pasando.

- ¿Presiona tanto la televisión el cuidado de la imagen o estar ahí los vuelve más autoexigentes?
- Para mí está buenísimo que el trabajo me obligue a ocuparme de eso. Soy coqueta, mi mamá lo es; hay una estirpe, digamos, de coquetería, pero seguramente no sería tan disciplinada si no estuviera en la tele, porque te incentiva a verte bien…

- ¿Hasta qué sacrificios está dispuesta a hacer por verse bien?
- cirugías no…

- ¿Lo firma?
- Me encanta que la gente crea que tengo cirugías y mostrarles que no tengo nada detrás de las orejas gracias a mi dermatólogo que es un genio. Cuando apareció algo no invasivo yo me tiré de cabeza y hay dos millones de cosas no quirúrgicas para hacerse. Pensaba que era todo mentira pero ¡no es mentira! El láser no es mentira y voy feliz a hacérmelo.

Para la cara femenina del noticiero más visto de la televisión argentina estar frente a cámaras no fue amor a primera vista. Antes de su recordado trabajo junto a Nicolás Repetto en “Fax”, debutó en televisión por idea de quien reconoce como a su maestro, Héctor Larrea: “Estuve tres meses en la tele y huí. Dije: `Esto no es para mí, no puedo todo a la vez´. Hacía radio, estudiaba Letras y estar pendiente de la imagen le resultaba un combo extenuante. Pero tras algunas idas y vueltas, entre unos móviles en “Badía y Compañía” y el Teledos de Héctor Ricardo García, al fin se enganchó con la televisión. En versión lúdica primero, con “Fax” y “Causa Común” –plena onda expansiva de los talk shows– , y después zambullida en el registro que le resulta más natural, el de la investigación periodística, con programas como “Justicia para todos”, “Fiscales”, “Telenoche Investiga” o su actual ciclo de debates “Argentina para armar”que emite la señal de cable TN. Si se le pide que mire todo eso que se resiste a llamar su carrera (porque dice que no corre ni compite con nadie) o trayectoria (que le huele a naftalina), no hay manera de que elija su experiencia más querida. “Es como que te pregunten –dice– por tu hijo favorito”.

- Después de lo que venía haciendo ¿no le resulta un corset el rol de conductora de noticiero?
- Es un corset en relación con que yo, gracias a Dios, no hago la producción, que es agotadora. Por ahí podría sentirme encorsetada si no hiciera nada más, pero siempre estoy con algún otro programa.

- ¿En Telenoche tiene margen para la opinión?
- Todo el margen. El que uno quiera. Yo soy muy sintética para opinar, así como Santo (Biasatti) no. Cada uno tiene su estilo. A veces yo también necesito hablar un rato. Decir alguna cosa. Muchas veces con sugerencia de la producción. Pero no me gusta la idea de los presentadores que opinan sobre todo; no me gusta en general la idea de los periodistas que opinan sobre todo…

- ¿En qué temas se siente con aptitud para opinar?
- Uff... Si yo hablara conmigo misma diría: ninguno. Pero hay cosas que se me fueron instalando como opiniones que siento que hago bien si las digo. Por ejemplo; no a la pena de muerte o hacer reflexionar a la gente sobre la cuestión del aborto; qué hacemos con los violadores o la inseguridad de las rutas argentinas. Trato de que mi opinión sea información, prefiero contar.

- ¿Cómo vive el enfrentamiento entre el Gobierno y el Grupo Clarín?
- Mal…nadie lo puede vivir bien.

- ¿Siempre coincide con la alineación anti K que produjo esa polarización?
- A mí me parece que el Gobierno polarizó, enfrentó. Ellos son buenos y nosotros somos malos.

- ¿Estuvo de acuerdo con el enfoque que se le dio a la cobertura del conflicto con el campo? ¿No hubo una necesidad de cerrar filas con el campo por oposición al Gobierno?
- Yo no sentí eso… lo que vi es que se empezó a mostrar lo que estaba pasando. Y el Gobierno no quería que se mostrara. Entonces pasamos a ser el enemigo número uno. Al menos TN, y yo trabajo en TN. Además, no creo en esas antinomias, no las voy a manijear y una prueba de eso son las mesas de “Argentina para armar” en las que se han sentado todos con todos, incluida alguna gente del oficialismo que puede dialogar.

- ¿Tiene algo para rescatar de esta gestión de Gobierno?
- Las decisiones en relación con los derechos humanos y la renovación de la Corte. Después es como si se les hubiera caído una máscara. Uno siente que todo quiere ser mal utilizado y pierde valor. Y la oposición muchas veces también me desilusiona porque parece que estuvieran luchando por el bien común pero resulta que están rosqueando por las candidaturas.

- ¿No pensó alguna vez en cambiar de canal para que su marido (Carlos D`Elía, gerente de Noticias de El Trece) deje de ser su jefe?
- Jamás, jamás. Carlos sabe un montón, es un lujo trabajar con él. Creo que me manejo con la libertad con la que lo hago porque él me tiene mucha confianza, porque la empresa me tiene mucha confianza y porque trabajé muchos años sin que él fuera mi jefe. Ahora formalmente lo es, pero en Telenoche trabajo codo a codo con una productora ejecutiva. Con Carlos a veces no me cruzo en toda la semana en el canal, no siento que haya nada empastado. Después está el “qué dirán”, que a todo el mundo le molesta. El que diga que no le molesta, miente. Puede haber un malentendido entre la gente que no me conoce, pero los que me conocen saben cómo soy, cómo trabajo y cómo me manejo.

- Esa mirada ajena que busca encontrar alguna ventaja en su situación ¿no le hace sobreactuar el perfil bajo?
- Y... por ejemplo, en el canal no tengo escritorio. Carlos me dice que cuando alguien le pide un escritorio, yo paso al último lugar… y en ese sentido me parece que es parte del precio que hay que pagar. Yo no puedo tener privilegios. El que sienta que lo tengo, no está viendo la totalidad de la historia.

-  ¿También siente que tiene que demostrar doblemente su capacidad?
- Doblemente no, siempre siento que tengo que mostrar mi capacidad. Supongo que porque soy mujer, hija de una mujer feminista y eso te define…

- ¿Hay machismo en el medio?
- En la sociedad argentina todavía existe el machismo pero en la tele, menos, porque hay mujeres que funcionan y traen buenos resultados.

- ¿Irrita una mujer con poder? Estaba pensando en la Presidenta de la Nación...
-  No lo sé. Es tan soberbia, entonces es muy difícil atravesar y ver, pero probablemente haya un tema de género, siempre hay un tema de genero ahí latente.

- La soberbia no es un pecado que se les endilgue habitualmente a los hombres...
-  A mí me caen muy mal los soberbios, hombres o mujeres, cada vez más. Quizás tiene que ver con los años o con que uno se va pareciendo más a los padres, y a mí me inculcaron siempre los buenos modales. Lo que no significa que uno no pueda enojarse, tener un ataque de rabia o ponerse mandón en el caso de la Presidenta. O en el caso de cualquier mujer. Pero siempre hay que encontrar la mejor manera de decir las cosas.

- ¿Se psicoanaliza?
- Ahora no.

- ¿Le sirvió?
- ¡Sí! Me conocí… aprendí a conocerme. Lo hice y en algún momento lo volveré a hacer.

- ¿De quién escucha consejos?
- Escucho a mi mejor amiga, sobre todo en relación con mis hijas. Es mi gran amiga desde los siete años. Con ella y otra gran amiga de la infancia nos reunimos para tomar decisiones. Y a veces le pifiamos.

-  Antes me decía que no me iba a decir su edad. No me cierra esa actitud con su perfil...
- ¿Viste?

- ¿Por qué?
-  ¿Por qué tengo que decir toda la verdad? La psicóloga que tuve durante muchos años me decía que yo era “sincericida” porque digo todo. Y en el canal me llaman “honestidad brutal”. Pero no voy a decir la edad. El que quiera saberla puede averiguar. ¿Por qué la tengo que decir yo? ¡Ese número entre paréntesis que ponen ustedes en la revista! Peor sería que mintiera.

 


Por Alejandra Daiha