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Gustavo Santaolalla: “Yo trabajo para pagar impuestos”

El productor y guitarrista, ganador de dos Oscar, vive en Los Angeles desde hace 25 años y dice que llega justo a fin de mes. Dueño de una finca en Mendoza, fabrica sus vinos, edita libros y está produciendo siete discos. Votante de la Academia, apoyó a Campanella.

 

Gustavo Santaolalla en su estudio de grabación donde esta produciendo varios discos.

 

A la mañana siguiente de la presentación de sus vinos Don Juan Manuel, que repartió generoso entre gente muy diversa como Pancho Dotto y sus modelos, León Gieco, Ricardo Mollo, Carolina Peleritti, Mariano Otero, el Zorrito Von Quintero, Ricardo Darín, Juan Carr, hasta el ministro de Cultura macrista de un lado y Daniel Filmus del otro, Gustavo Santaolalla se levanta al mediodía junto a su mujer, Alejandra, porque los espera su suegra, Egle Martin, para comer. El éxito en Los Angeles, los dos Oscar (por Babel y Secreto en la montaña), los 15 Grammy, el Globo de Oro, el Cóndor de Plata, en una vitrina atestada de premios que adorna su estudio en Echo Park, no lograron hacerle perder, afirma, “un nivel de inocencia, un nivel de pureza, de peligro de lo que hago y los riesgos que tomo en mi vida para seguir vivo y no convertirme en un bulto sospechoso”.

- Para vos, que confesás que no leés ni escribís música, ¿dónde creés que reside tu talento?
- Algunos los tengo claros. Soy un buen comunicador, puedo articular bastante bien mis pensamientos e ideas, lo otro es la pasión que pongo en las cosas en las que me involucro, y creo que eso que hago artísticamente afecta a la gente. Y el hecho de haberme destacado tuvo y tiene que ver con esos méritos, porque yo en Estados Unidos no era una celebrity.

- Los argentinos de tu generación tuvieron mucho conflicto con Estados Unidos...
- Yo también (se ríe). Tengo una excelente relación con la cultura americana, la música, rock, blues, jazz, cine, pintura, todas las manifestaciones artísticas que hace un grupo de personas con la cabeza abierta y una conciencia universal. Salí en la tapa de la revista Times como uno de los hispanos más influyentes en EE.UU. Y usé esa plataforma para explicarles a muchos que no saben las atrocidades que cometió EE.UU. en el resto del mundo.

- ¿Esas cosas las decís allá?
- Sí. Y sin censura.

- ¿Qué sentiste cuando ganaste los Oscar?
- El primero fue muy fuerte porque venía de haber ganado un British Academy Award con Diario de motocicleta, y la canción de Jorge Drexler, a quien yo invité a que la cantara y ganó el Oscar, pero yo venía con Secreto en la montaña nominado en casi todas las premiaciones que había y perdía con John Williams...

- Entonces?
- Estaba feliz por estar nominado. En Estados Unidos cuando estás nominado para un Oscar te queda para toda la vida, siempre que te presenten lo van a decir. Esa noche no había podido dormir. Después, me vino una paz tremenda y cuando llegué al teatro Kodak con mi mujer me fui para adelante, me di vuelta, miré el lugar y pensé: “Si me toca, ya sé cómo es esto”. El resto es indescriptible. Y lo del segundo Oscar era como un milagro.

- Los premios te deben haber subido el cachet.
- Sí, te suben el cachet, te dan visibilidad, hay más gente que sabe quién sos.Pero jamás hice nada por dinero, he dejado de hacer cosas muy lucrativas porque no me interesaba el proyecto.Yo llegué adonde llegué fiel a una visión que tiene que ver con la excelencia y la identidad.

- En un mundo que sobrevalora el dinero, ¿cómo es tu vínculo con él?
- Es muy “no bajo control”. No hago las cosas pensando: “Voy a hacer un negocio con el vino o con la editorial, o voy a poner una discográfica”. Claro: cuando vendés millones y la gente paga por eso me dicen “hombre de negocios”.La gente piensa que soy millonario, y no soy millonario. ¿Sabés el proyecto del vino qué costo tuvo? Que hace tres años que me quiero mudar en Los Angeles porque necesito un lugar más grande y no puedo hacerlo. Porque esa plata la puse para la finca.

- ¿Te acordás cómo llegabas a fin de mes en 1970 cuando estabas en Arco Iris y recién empezabas?
- No. Pero sé que llegábamos justo...

- ¿Y ahora?
- También con lo justo (se ríe). Yo trabajo para pagar impuestos. Pensá que mis hijos van a las mejores escuelas en Los Angeles, eso cuesta mucho dinero, más el seguro médico de todos, más los impuestos que te cobran sobre cada dinero que generás.

- ¿Qué importancia tiene tu mujer, Alejandra, en estos años?
- Es una persona importantísima, hace 25 años que estamos juntos. Nos conocimos a través de De Ushuaia a La Quiaca, la obra que hicimos con mi hermano León y Daniel García Moreno (hermano de Charly García), que ahora se va a pasar por el canal Encuentro. Ella era fotógrafa de la revista Cerdos y Peces, y nos enamoramos. Tenemos dos hijos, Luna (15) y Juan Nahuel (10). Y está Ana, de mi matrimonio anterior, que es psicóloga y vive en San Francisco.

- Muchos de tus colegas de aquellos años tuvieron problemas con el alcohol y las drogas, ¿cómo hiciste para zafar?
- Yo no era, no fui y no soy un santo. Trato de mantener las cosas en equilibrio. De chico pensaba que cuando fuera grande iba a querer tomar un vinito, una grapita, fumar un porrito, siempre. Quiero ser como mi mamá, que tiene 90 años y se toma su whisky y se fuma su pucho. Eso significa que me tengo que cuidar.

- ¿Te bancarías producir a un artista “loco”? ¿A un Van Gogh actual?
- La locura no me asusta, salvo cuando es patología. ¿La droga? La droga sí me la banco y lo único que les dije a los grupos con los que he trabajado (Divididos, Molotov, Bersuit, Café Tacuba, La Vela Puerca, Julieta Venegas, Arbol y Juanes, entre otros) es que a mí lo que más me importa es la música. Y no voy a estar controlándolos, ni siguiéndolos al baño a ver qué hacen. Pero si siento que hay algo que está por encima de la música, yo me voy. Después, cada uno hace lo que quiere.

- ¿En qué estás trabajando ahora?
- Estoy trabajando en seis, siete discos a la vez, haciendo la música para una película chiquita con Catherine Deneuve, voy a escribir algo para el director de teatro Muscari y apoyando al grupo Terraplén, además de tocar con Bajofondo.

- ¿Te gustaría hacer la música del próximo film de Campanella?
- Es un directorazo. Soy fan. Maneja los tiempos, la narrativa de una manera que en nuestro cine no se ve y tampoco es una forma estadounidense. Me encantaría hacer su música. Vi su película El secreto de sus ojos y me encantó. De hecho, la voté para el premio Oscar a mejor película extranjera. Yo soy de las personas que celebran ya el solo hecho de que te nominen y creo que una de las chances que tiene la película es precisamente que sea argentina. Las otras dos que son muy buenas son la peruana (La teta asustada) y la alemana (La cinta blanca).

- Norma Aleandro, también miembro de la Academia, no pudo votarla.
- Bueno, es que yo tengo la ciudadanía norteamericana. En mi formulario figura el rubro, no puedo votar, eso sí, en el de música.

- ¿Qué le dijiste a Darín, con quien te cruzaste en el Alvear?
- Para mí fue un “momentazo”. No lo conocía personalmente y que se haya tomado la molestia de venir lo valoro mucho. Imaginate, soy seguidor y fanático de él de toda la vida. He visto todas sus películas, de manera que estar juntos y compartir un vino fue una alegría.

- ¿Cúal es tu pálpito con “El secreto de sus ojos”?
- No te lo puedo decir porque no lo sé. Siento que cualquiera puede ganar, incluida El secreto.

- ¿Qué música le hubieras puesto a la película?
- La que tiene está buenísima porque cuando una película funciona, funciona en su integridad. Y es muy buena. A mí me encantó.

Cuarenta años después del momento en que arrancó su carrera con Arco Iris y gana el Festival de Mar del Plata en 1970, ante la pregunta sobre si está conforme con lo que le tocó vivir, responde: “No sé si conforme es la palabra. Estoy feliz. Conforme me parece medio pobre”.


Por Marita Otero (Perfil)