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 Anabela Ascar: La reina de los bizarros anónimos

Desde su programa en Crónica TV, aprovecha el lado más extraordinario de la gente común para crear una usina de personajes a la que recurre la TV de aire en busca del efectivo toque bizarro.

 

Es muy amplia la variedad de invitados al programa, un imitador de Michael Jackson despliega todo su potencial.

 

Anabela Ascar se sienta en su silla ubicada delante de una escenografía roja, rojísima porque ese color es el ADN de Crónica TV. Yoly -su peinadora/productora/asistente/álter ego- le hace los últimos retoques. Los invitados y curiosos van llegando. Hay unos cuatro señores, jubilados ya, que viven en Merlo, provincia de Buenos Aires ("¡Un saludo para Merlo...!"). Forman parte de un grupo folklórico. Cantan (mucho).

Otra señora ventrílocua llega con su muñeco. Está nerviosa y no para de solicitar precisiones, como si fuera una gran actriz llena de mañas. Ahora entra un (proto) Luis Miguel recién salido de una lámpara solar. Su virtud, por lo menos la aparente, es su similitud física con el verdadero Luis Miguel. Una travesti se acomoda su minipollera y unos señores que vinieron de Santiago del Estero ("¡Un saludo para Santiago del Estero...!") tienen un paquetito de alfajores bien envuelto esperando dárselo a Anabela.

Dos especies de Michael Jackson practican break dance mientras quien dice ser el hijo de corazón de Luis Aguilé espera su turno. Un pibe joven la mira embobado y no para de sacarle fotos. Aunque para Yoly (¿sabrá que Batato Barea debutó en teatro con un grupo que se llamó Peinados Yoly?) todo esto forme parte de su rutina, también saca fotos como si estuviera viviendo su mejor momento laboral (quizás, ojalá, lo sea). El resto de los que están en el piso no tienen cara de estar pasándolo bomba aunque, minutos después, harán palmas para ayudar a que una chacarera salga del letargo y aplaudir la llegada de un invitado como si el estudio estallara en emoción.

 

Un año de Anabela Ascar: La conductora de Crónica festejó su primer año en la pantalla. (La Nación)

 

"¿Saludaste a Dominga, mi perra?", pregunta minutos antes del aire mientras Yoly le da duro al secador de pelo. La perrita entra lentamente a cuadro al tiempo que su dueña habla del maravilloso mundo de los animales. "Aparte de esta locura con los animales soy vegetariana", acota. Tiene más: "Investigadora del fenómeno ovni".

"Siempre fui rara", dice esta señora que cuando dejó de trabajar en Aerolíneas Argentinas como azafata se fue a vivir a Canadá. Como periodista/locutora del ISER allí la cosa mucho no funcionó, pero le sirvió para practicar inglés (es traductora). También es meticulosa con el uso de algunas palabras. Por ejemplo, el término "bizarro", que se convirtió en su apellido.

"Hay una confusión muy grande con esa palabra -apunta como si estuviéramos en un aula de profesores aprovechando el recreo largo-. La gente cree que todo aquello que es raro es bizarro. No. Bizarro, según la Real Academia Española, es valiente. O sea, es el que se anima a romper con un sistema de creencias que nos impusieron otros. Ejemplo: la creencia de que para ser feliz hay que ser lindo, alto, rubio y de ojos celestes. Pero aparece una persona que no tiene ninguna de esas virtudes y canta y baila mal, pero tiene carisma. Esa persona es bizarra. Los bizarros de verdad son pocos. Después están los que no duran más de dos días. Por ejemplo, de Zulma Lobato nadie se olvida."

- ¿Te parece?
- En la cabeza de la gente, sí. Cuando lo bizarro es inventado, la gente no lo registra.

- Vos sos como la inventora de Zulma
- Soy como su espejo; les muestro a los demás lo que tiene adentro. Pero no la inventé, es así. Si no hay material, no puedo hacer nada.

- ¿Cómo descubrís que hay material?
- Intuición, eso no se puede estudiar. Es algo que siento acá [y se toca el pecho]. Pero yo no era así. Esto es algo que se despertó con este programa. De todas maneras, Hechos y p rotagonistas no fue algo que pensé hacer. Algunos me dicen: "Qué buena idea de marketing que tuviste". No sé si fue así, sí sentí que había que tener un espacio abierto al cual pudiera venir todo el mundo y contar lo que tuviera adentro.

Justo en ese momento, entra él. Un señor grandote que ni dice palabra (es Héctor Ricardo García, su ex pareja durante años, productor del programa, dueño del canal y "de eso no hablo"). Tanto Anabela como Yoly se ponen tensas y hacen gestos de esconder el grabador. Todos disimulamos. Le entrega dos papeles escritos a mano. Es la rutina con los minimísimos datos de los entrevistados que se sentarán frente a ella dentro de pocos minutos. Por ejemplo: "Beto Orlando, un grande de la música popular, lanza a su hijo como cantante. El doble de Luis Miguel fue contratado por la misma empresa que lo traerá a Buenos Aires para despistar a sus fans y paparazzi. La mujer uruguaya es ventrílocua y descubrió su vocación viendo Los Muppets . Con esto tengo que hacer la nota", dice mientras Yoly detiene la acción porque se le perdió una pestaña postiza. Ya está, apareció. La tenía Anabella. Sigamos.

- ¿Y qué hacés con esos datos?
- ¡Qué sé yo! Si muchas veces los personajes vienen a la puerta, esos que vienen disfrazados, y los hacemos pasar. Todo es muy simple.

Tan simple que parece una reivindicación de lo espontáneo, del atado con alambre, del repentismo llevado al extremo. O, como dirá luego, "yo remo, remo, remo" como si fuera la mejor atleta de hacer algo en donde parece no haber nada.

- ¿El miedo al ridículo no existe?
- Depende de en qué cultura estés.

- Ufa, en ésta.
- Depende. Todo está en la cabeza. Si vos creés que el ridículo existe, para vos va a existir. En mi caso, no creo que exista. Yo no tengo prejuicios, todo es tan cambiante...

Y saca a relucir el famoso ejemplo de lo que significa una vaca en la India y lo que implica para nuestra cultura. Volvimos al recreo largo con largas explicaciones.

El 25 de septiembre de hace dos años nació Hechos y protagonistas. Con la aparición permanente en el top five de CQC y en la variedad de programas de archivos, a su público cautivo se sumaron los de otros reductos sociales y culturales. Se dijo y se dice de todo sobre el programa con permanente fondo rojo que mezcla confesiones íntimas, trompadas públicas, testimonios sociales y melodías imposibles bajo una especie de gran carpa de variedades. Ella, como si nada. "A mí me parece que es un programa absolutamente normal", dice con absoluta normalidad y acota: "Seguro que vas a poner eso de título" (no, no entró Anabela).

Ella asegura ser así durante las 24 horas. "Voy caminando por la calle y los cartoneros me saludan. Yo paro, me sacan fotos y los tipos no entienden nada. ¿Cómo la de la tele hace eso?", se ríe. "Tal cual -apunta Yoly mientras revolea con la mano derecha el secador-. Mirá, ¿qué maquilladora va a la cena del Martín Fierro? Nadie. Yo sí. Yo fui con ella." Cierto. Si en la misma oficina de producción/camarín hay fotos que demuestran que la señora del spray y los cepillos no miente. "¿Y quién va con una perra de 16 años, vieja, gorda con cáncer a los programas y hace un musical como hice en Demoliendo teles con Diego Reinhold?" "Nadie -ahora sigue Anabela, la que la rompió en ese musical-. La gente va con un perro chiquito de raza y yo voy con un raza perro. ¿Sabés qué? A mí, lo que me importa es el amor. Y si el perro me da tanto amor me lo llevo a grabar el musical. Es así..."

El programa sigue. Los jubilados de Merlo están a sus anchas. Cantan chacareras, malambos y algún que otro chamamé que ella hace lo posible por seguir con su bombo. Aunque parezca extraño, todo fluye. No tanto, cuando los (neo) Michael Jackson se largan a bailar, Dominga les tira un tarascón. Yoly sigue sacando fotos. Luis Miguel se acomoda el saco. Los de Santiago del Estero aprovechan el corte para saludarla. Los alfajores quedaron por allá y Anabela ahí: sentadita en su silla con cara de nada. Fuera del estudio, en un bar que parece de una estación de tren, hay más personajes hechos y derechos esperando ser protagonistas del mundo Anabela. En minutos, entrarán. La rueda de esta fortuna continúa.

¡ULTIMO MOMENTO!

Anabela dice no animarse a hacer algo
Parece que la altísima Anabela cotiza en alta. Por lo pronto, le ofrecieron hacer temporada de teatro en Mar del Plata y en Buenos Aires. "Pero no me animo... es algo desconocido. Lo único que hice en teatro fue dar una conferencias sobre ovnis con Fabio Zerpa y Dante Franch -apunta en medio del ruido del secador de pelo de Yoly-. También me ofrecieron pasar a otro canal, pero lo tengo que pensar muy bien porque trabajo mucho con la energía de la libertad. A este programa lo hago basándome en el silencio, necesito silencios para poder entrar en el mundo y en el corazón del que tengo enfrente. Sólo si tuviera libertad para eso podría hacer otro programa en otro canal."

- ¿Ahora resulta que por el manejo de los silencio me vas a decir que sos la versión femenina de Hugo Guerrero Marthineitz?

- ¡Nooo! Nada que ver. Guerrero Marthineitz no era cósmico y yo sí. Yo trabajo desde mi lugar mostrando otras alternativas para que la gente, si quiere, se pueda ubicar en un mundo mental mejor. ¿Es muy difícil lo que digo?

 

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Por Alejandro Cruz (La Nación)