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Cenar en una vereda no es lo mismo que cenar en terrazas, balcones, jardines y
otros ambientes a cielo abierto. En la vereda, además de las estrellas, uno
puede ver gente, plazas, edificios y sentirse parte de la ciudad. Algunos
detalles que le dan un plus a estas mesas urbanas son: sillas y mesas cómodas y
originales (no las típicas plegables auspiciados por marcas de agua mineral),
que no haya vendedores ambulantes, ni shows para turistas desconcentrándote y,
básicamente, que la zona tenga buena onda. Partiendo de estas premisas, diez
lindas veredas para cenar en estas noches de verano.
Vereda popular: CROXI
Una pizzería de barrio, pero… ¡qué barrio! En pleno Belgrano R, la
Plaza Castelli es una de las más lindas de la ciudad. Lo podés comprobar desde
una de las mesas de Croxi, una muy buena pizzería que reúne a familias y grupos
de amigos que pagan poco por comer rico en una ubicación privilegiada. Eso sí:
hay que llegar temprano. Conde 2020, Belgrano.
Vereda cool: MIRANDA
Se pueden criticar muchas cosas de la gestión de Mauricio Macri como
jefe de gobierno de la ciudad, pero no se puede negar que las veredas anchas y
adoquinadas en algunas esquinas de Palermo quedaron bárbaras. Ahí están las
mesas de Miranda, típica parrilla de la zona que además de cool, es muy rica.
Costa Rica 5602 esq. Fitz Roy, Palermo.
3.Vereda barrial: LA PROMETIDA. Uno de los pioneros en darle onda moderna a los
pingüinos de cerámica y la vajilla de la abuela. Frente a la desértica Plaza San
Martín de Garicoits, tenés una vereda bien de barrio. La relación precio calidad
cayó un poco últimamente, pero vale darle una nueva chance y probar, por
ejemplo, sus picadas combinadas “latindia” y “mediterrarabe”.
(Delgado 1189, Colegiales / T. 4554-0786)
Vereda étnica: KRISHNA
Si no te gusta sentarte en almohadones y comer en mesas bajas, no
elijas este restaurante. En Krishna frente a la Plaza Armenia te podés sentar en
la vereda literalmente, además de comer buena cocina india vegetariana y beber
un tradicional lassi a buenos precios. Malabia 1833, Palermo.
Vereda romántica: FREUD & FAHLER
Probablemente una de las mejores veredas de Palermo donde se respira
una tranquilidad que la zona perdió con su crecimiento. Bistró cálido, pequeño,
de platos ídem, y recetas de autor de inspiración mediterránea. Ideal para una
primera cita. Gurruchaga 1750, Palermo.
Vereda vidriera: MERIDIANO 58
Si tenés ganas de sentarte a ver extranjeros y gente linda, elegí
alguno de los sillones bajos de esta esquina, pedite un vino y sentate a mirar.
Cumple para una salida de parejas o en grupo de amigos. Los platos que no son
una gloria, pero siempre cumplen. Jorge L. Borges 1689, Palermo.
Vereda tranqui : MANDARINA’S CAFE
Un consultor gastronómico te diría que esta esquina malísima para
poner un restaurante: cerca de la vía, lejos de la avenida y en medio de una
zona de casas. Sin embargo, Mandarina’s es un clásico de Nuñez que siempre
trabaja bien. La vereda es casi una terraza privada, donde no pasa nadie, salvo
el mozo que te trae las especialidades de la casa: crepes y pizzas bien finitas.
Arcos 4001, Nuñez.
Vereda de alta gama: SUCRE
Por estar en hoteles, o ser taaaan exclusivos, los restaurantes de
alta gama no suelen tener mesas a la calle. Sucre es la excepción: tiene cuatro
mesitas sobre un escalón, donde te sentís aislado del mundo. Eso sí, no las
reservan así que lo mejor es llegar temprano. Los precios: altos, pero las
carnes al spiedo y la selección de vinos lo ameritan. Sucre 676, Belgrano.
Vereda kitsch: PIPI CUCU
Mesas con sillas de madera que invitan a quedarse ahí: sonriéndole a
la noche. La estética de Pipi Cucú es bien rococó, así que hay que subirse a la
onda del amor o te quedás out. Te encienden velas y podés pasar una noche
romántica degustando un asado braseado en su jugo con papas abanico, por
ejemplo. Ciudad de la Paz 557, Colegiales.
Vereda mexicana: LUPITA
A las Guadalupe les gusta que les digan Lupita, y Lupita prefiere que
lo reconozcan como el primer lounge mexicano de Buenos Aires. ¿Qué quiere decir
exactamente? Que vas, marchás unos tacos, una sangrita y te relajás en la vereda
lookeada de la calle Báez, donde de paso podés relojear a los chicos y las
chicas que entran a Mute, el boliche que queda al lado del restaurante. Báez
227, Las Cañitas.
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