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Estudiar y trabajar. Mantener el propio hogar o ayudar a la
familia. Cuidar a la pareja y a los amigos. Proyectar un futuro mejor y
mientras, surfear el presente. Hoy, los jóvenes tienen la agenda completa y la
memoria, confirman los especialistas, comienza a fallar. La razón de estas
"lagunas mentales", tiene nombre: el estrés, enemigo invisible que corroe las
cabezas y los cuerpos, y que ya dejó de ser patrimonio exclusivo de los adultos.
La preocupación de los especialistas consultados por Clarín es que muy pocos
registran que se olvidan actividades o que les cuesta concentrarse porque están
agotados o muy presionados. Y si la consulta no se hace a tiempo, es más difícil
revertir el cuadro.
"Me olvidé lo que te estaba diciendo". "¿Cerré la puerta con llave?". "No llego
al parcial, mejor lo dejo para más adelante". Frases típicas, según los
especialistas, que pintan los motivos de consulta de muchos jóvenes de entre 20
y 30 años. Aunque las estadísticas en el país son pobres y hasta inexistentes,
los expertos aseguran que hoy el estrés se instala antes de llegar a la adultez.
"Las consultas de jóvenes de entre 18 y 30 años crecieron un 30%. Y siguen en
aumento", reconoce Daniel López Rosetti, presidente de la Sociedad Argentina de
Medicina del Estrés (SAMES).
"Es muy común que se presenten pacientes jóvenes, ejecutivos o estudiantes
universitarios con dificultades para memorizar, que postergan tareas o,
directamente, evitan dificultades", afirma Fernando Torrente, jefe de
Psicoterapia Cognitiva del Instituto de Neurología Cognitiva (INECO). "El
hipocampo, región fundamental para el correcto funcionamiento de la memoria, es
sumamente sensible a los efectos del estrés. Está asociado con la capacidad de
lograr memoria y adquirir nueva información.
El estrés afecta la capacidad de aprender cosas nuevas", resume Facundo Manes,
de INECO y del Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro.
En una investigación internacional realizada por el canal de música MTV
Latinoamérica el año pasado, el 65% de los chicos de entre 20 y 24 años dijo que
vive más estresado que su padre a su edad. Pero, ¿qué les preocupa? "Su
inserción laboral y conservar el trabajo, porque nadie les garantiza la
permanencia. Los inquieta su identidad no poder responder 'quién soy' y su
identidad sexual.
También los moviliza la fractura de la ilusión de familia ideal: en un mercado
laboral que se plantea como 'el juego de la silla', ¿quién puede asegurarse una
pareja, hijos, casa, auto, perro?", plantea Andrés Rascovsky, médico
psicoanalista y presidente de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA).
"La primera falla en la memoria es que como no se puede sostener la atención,
hay cosas que se vuelven no memorizables. Es como decir 'tengo el disco rígido
lleno'. Estar alerta a tantos estímulos, hace que la atención sea más limitada
y, por ende, la memoria más débil", señala Andrea Homene, psicoanalista e
integrante de la Red Provincial de Salud Mental en Incidentes Críticos (PROSAMIC).
La juventud, coinciden todos, es un tesoro que hay que cuidar. Por eso ante los
primeros síntomas, hay que consultar con el médico.
"Lamentablemente, la gente nota que vive estresada cuando ya lleva mucho tiempo
sufriendo. El estrés puede dejar secuelas físicas y psíquicas y cuanto más
tardía es la consulta, más difícil es revertir el cuadro", avisa Daniel Mosca,
director de la Sociedad Argentina de Psicotrauma (SAPsi).
¿Cómo tratarlo? "El tratamiento de un trastorno de memoria en un joven depende
de un buen diagnóstico que explique el porqué de la pérdida de memoria. Tratando
la causa, el cuadro debería mejorar", apunta Facundo Manes. Y agrega: "Sin
dudas, cambiar ciertos hábitos de la vida cotidiana contribuyen a mantener el
cerebro saludable y a reducir el riesgo de padecer deterioro cognitivo". Cuidar
la dieta incorporando alimentos variados con bajo contenido de grasas, hacer
actividad física diariamente, chequear con el médico el estado de la presión y
evitar el tabaco y el alcohol son algunos de los consejos.
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