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Están jubilados, ya no tienen que recurrir al despertador
para llegar a horario y, sin embargo, se despiertan temprano. Más temprano
incluso que cuando trabajaban. ¿Costumbre? ¿Dificultades para disfrutar de esta
etapa sin obligaciones? Nada de eso: para estar bien durante el día, los adultos
mayores necesitan menos horas de sueño que los jóvenes.
A través de un estudio en 110 adultos sanos, investigadores del Centro de
Investigación del Sueño de la Universidad de Surrey (Gran Bretaña) determinaron
que por la noche, los adultos mayores (de 66 a 83 años) duermen en promedio 20
minutos menos que los de edad mediana, y 43 minutos menos que los adultos
jóvenes. No obstante, no sienten somnolencia durante el día.
"La cantidad de horas necesarias de sueño está determinada en forma individual
por la capacidad para realizar las tareas durante el día con un adecuado nivel
de alerta, sin alteraciones de tipo cognitivo, con una respuesta adecuada a los
estímulos y en un tiempo que se considera también adecuado", define el doctor
Daniel Pérez Chada, director de la Clínica del Sueño del Hospital Universitario
Austral.
El estudio mostró que los adultos mayores tardan 5' 30" más que los jóvenes en
dormirse, y que sus etapas de sueño profundo -las de mayor efecto reparador- son
más breves. Además, se despiertan más veces durante la noche, y les cuesta más
volver a conciliar el sueño. Pero eso no significa que duerman mal.
"Es que el sueño como tal, no explica nada. Son las consecuencias -durante el
día- de la carencia de sueño, las que diagnostican la situación", subraya el
fisiólogo Daniel Cardinali, director de Docencia e Investigación de la Facultad
de Ciencias Médicas de la UCA e investigador superior del Conicet.
"Lo nuevo de este estudio es que analiza cómo están las personas durante la
vigilia -observa el biólogo Diego Golombek, director del laboratorio de
Cronobiología de la Universidad Nacional de Quilmes-. Uno de los cambios más
grandes que hay con el envejecimiento es una disminución en la amplitud de los
ritmos biológicos, incluido el ritmo sueño/vigilia: las diferencias entre lo que
ocurre de día y de noche no son tan marcadas".
Cardinali completa que el sueño debe ser estudiado como un estado vinculado con
el resto de las necesidades de las personas. "Con la edad hay una reducción
importante del metabolismo y, por lo tanto, una reducción de las horas de sueño
necesarias para recuperarlo", apunta.
"Mirar el sueño para diagnosticar que tengo insomnio es bastante equívoco
-agrega el fisiólogo-. Puedo tener la impresión de que no duermo, pero la
calidad del sueño se define por la calidad de la vigilia. El hecho de percibir
que el sueño se interrumpe de noche, que es menos profundo, muchas veces
preocupa a la persona. Pero si después se duerme nuevamente y tiene un día
normal, le digo: 'Despreocúpese y aprovéchelo para alguna función que le sea
útil', desde mirar televisión hasta leer". Los investigadores británicos señalan
que, si bien aún resta determinar las causas de esta reducción del sueño
asociada a la edad, el hallazgo puede tener importantes implicancias para las
personas de edad avanzada que se quejan de insomnio, y que quizás ignoren que
necesitan dormir menos.
"Los mayores tienden a tener sueño más temprano y a levantarse más temprano: esa
primera luz del día ayuda a sincronizar su ritmo biológico", recalca Golombek.
Así como hay personas que rinden durante el día (alondras), otras "funcionan"
mejor por la noche (búhos). "El asunto es cuando quieren ir en contra de su 'alondrismo',
aguantar, tratar de ir a la cama más tarde, o intentar volver a dormirse, en
contra de su ciclo normal", comenta el biólogo. "Hay que despreocuparse del mito
de dormir como un joven", tranquiliza Cardinali.
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