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Quizá porque en casa no pueden, quizá para escaparle a la
rutina o simplemente por gusto, lo cierto es que cada vez más matrimonios optan
por pasar una buena noche de pasión en los queridos y conocidos telos. Los
albergues transitorios dejaron de ser considerados un lugar pecaminoso, ligado a
la lujuria y a la trampa, para pasar a ser espacios de relax con habitaciones
amplias y luminosas, acordes a los gustos y exigencias de la nueva clientela.
“El matrimonio se ha ido volcando mucho más a este tipo de actividad, antes se
relacionaba más con la trampa o con las parejitas, en los 90 la actividad
reverdeció por los gays, ahora es por los casados”, sostiene José Rosell,
gerente de Magnus, un hotel VIP ubicado en Panamericana. Para Rosell, la calidad
de los servicios ligada a un cambio de mentalidad “hicieron que el telo deje de
ser algo indecente para pasar a ser algo normal”.
Cada vez más, los sexólogos coinciden en recomendar esta salida como parte de la
terapia. “Muchas veces se pierden los momentos por tanta vida familiar, por eso
nosotros lo sugerimos en parejas que tienen hijos”, cuenta el sexólogo Adrián
Sapetti, autor del libro Confesiones íntimas. Así, las parejas, despojadas de
cualquier sentimiento de culpa y de las preocupaciones de la vida familiar, se
permiten disfrutar de su sexualidad sin complejos y sin desvelarse por los nenes
o por la chicharra de un timbre que no deja de sonar.
Para la psicoanalista María Cristina Castillo, tiene que ver con “una sexualidad
más legalizada”. “Ahora ya no se ve con tan malos ojos ir a un hotel, además es
un buen recurso para que las parejas preserven su intimidad”.
Junto con el cambio de hábitos de los esposos, los albergues también se vieron
obligados a introducir cambios. “Este hotel se hizo con la idea de romper el
tabú que había con los hoteles, queríamos dejar la palabra telo de lado”,
subraya Germán Valentino, de Torres del Lago de Monte Grande. “Los clientes
buscan intimidad, un espacio para cambiar el clima de la casa, y nosotros les
ofrecemos algo sofisticado”, agrega.
“Al estar en un hotel, se propician encuentros, se va al jacuzzi, se ve una
película. No se da espontáneamente, sino que uno se prepara para el encuentro, y
pasa a ser un divertimento”, explica Sapetti. Según cuenta el sexólogo, muchas
parejas que llegan a su consultorio nunca han ido a un hotel alojamiento estando
casados. “A mis pacientes se lo recomiendo: sugiero esto de prepararse para el
encuentro, apagar el teléfono, aislarse de todo, para crear espacio mágico y
sagrado”, dice y remata: “Hay hoteles que tienen habitaciones temáticas muy
interesantes, me han llevado a visitar algunas y son muy divertidas”.
Anzuelos de lujo
El marketing de los hoteles alojamiento se refinó en los últimos años, al punto
de ser hoy lugares de lujo. Alejados de la imagen del burdel, los turnos de 3
horas arrancan en los 300 pesos y el abanico de propuestas para pasar esas horas
es grande.
Por ejemplo, el General Paz Hotel brinda un servicio gastronómico con carta de
cocina internacional y platos gourmet.
La habitación más costosa ( cerca de 500 pesos el turno) cuenta con proyectores
de video en televisión satelital, cortinas automáticas con ajuste gradual de
intensidad lumínica y control total de climatización.
Otro de los hoteles para un público ABC1, el Dissors, tampoco escatima a la hora
de ofrecer amenities para su selecto público. Una pareja que toma una suite y
además almuerza o cena gasta entre 400 y 600 pesos. Además, las 24 habitaciones
poseen doble cochera (por si los amantes llegan por separado) y todo en los
cuartos (luces, cortinas, plasma, etc.) se maneja con un solo control remoto.
También cuenta con un servicio de cocina gourmet, acompañado de una selecta
carta de vinos y bebidas.
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