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De arranque, antes de que la música devenga imparable y tras una “vigilia” que
fue de una rave chamamecera a una gran bailanta con similar fuente, habrá un
enmarque cultural (el IV Foro de la Cultura Chamamecera) que, a través de los
testimonios de Julio Cáceres, Gustavo Miqueri, Cacho Gonzáles Vedoya, José Luis
Castiñeira de Dios y Enrique Piñeyro, irá desgranando, revivificando, las
principales esencias de una identidad. “Plantarse ante el mundo y mostrar lo
nuestro”, según sus impulsores. O sea, la amalgama español-guaraní, con un eje
central puesto en dos consignas: “La Fuerza Chamamecera en sus Ritmos y Bailes”
(este lunes) y “Lo Testimonial en la Poesía Chamamecera” (el martes), con el
adobe musical de César Frette, figura del acordeón, y la presentación del disco
Curuzucuateños, producido por la Subsecretaría de Cultura de la provincia, en
homenaje a los 200 años de la fundación de Curuzú Cuatiá.
A la par, ambos días y con las serenatas callejeras como antesala, el anfiteatro
Tránsito Cocomarola será el escenario de las primeras lunas chamameceras con las
presentaciones de Ramona Galarza, la novia del Paraná, y Raúl Barboza con “su
polla japonesa” Yuki Makita (hoy), y la presencia de un vecino cercano y
lumínico, el Mensú Ramón Ayala, más Rudi y Nini Flores, el dúo que paseó –y
bien– las fragancias folklóricas de la región por buena parte del planeta
(mañana).
El miércoles será la hora de otro niño mimado, Antonio Tarragó Ros, uno de los
pocos que estuvieron presentes en la primera edición (Club Juventus, 1985)
activará una vez más su cordeona para dejar el piso caliente a los románticos
del chamamé (los Hermanos Barrios) y las Hermanas Vera, que esta vez actuarán
acompañadas por Guillermo Boneto, el cantante de Los Cafres, antes de que Víctor
Heredia clausure con sus clásicos de hoy y siempre la tercera luna yerbatera. El
jueves desembarcará otro primo hermano de Corrientes, el Chango Spasiuk, para
mostrar casi de local sus bellísimas melodías que han logrado transcribir a
idioma universal las riquezas estéticas del género. Su lado mejor. También
actuarán, ese día, el trío Ayamama (grupo revelación en la encuesta de música
popular de Página/12) y Verón-Palacios, conocido como el Dúo de la Simpatía. El
viernes, el péndulo se correrá hacia el lado de “las antiguas glorias”,
traducidas en los nombres del Dúo Ubeda-Chávez, con más de ¡60 años! de
vigencia; Eustaquio Miño y Juán Pablo Barberán, el recitador, que convivirá bajo
el mismo cielo con dos invitados de lujo: Jorge Fandermole y Raly Barrionuevo.
Tras el reportaje público en el que Teresa Parodi contestará sobre “La nueva
canción en el chamamé” –cierre del Foro–, la cantautora será la figura principal
de la noche del sábado, merodeada por Trébol de Ases, grupo fundado por el
músico Salvador Miqueri, allá por los cincuenta, Los de Imaguaré, Aníbal Verdún
y Raza Mbareté, entre otros. Y el domingo, luna clausura, una de las situaciones
más esperadas: el retorno de Mario Bonfil a la guitarra y un repertorio que cada
quien, en Corrientes, espera siempre con el cuchillo entre los dientes:
“Cantalicio vendió su acordeón”, “Conjunto Pena y Olvido”, “Requecho” o “Viva la
Pepa”, a puro sapucay.
Además del grueso musical y sus implicancias, la 21ª Fiesta Nacional del Chamamé
propondrá cuatro muestras permanentes sobre el chamamé y su cultura vista desde
diferentes ángulos: Bien Café, con la exposición de trajes y complementos
bordados que usaron y usan músicos del género (Museo de Bellas Artes, San Juan
634); Yerba Mate y Chamamé (el mate como inspirador de poetas, músicos, pintores
y artesanos) en el Museo de Ciencias Naturales (San Martín 850); XXI Fiesta en
Imágenes, una retrospectiva en fotografías sobre todas las ediciones del
festival hasta la fecha (Museo Histórico, 9 de Julio 1044) y una cuarta muestra
basada en la exposición de diferentes tipos de instrumentos de cuerda
construidos por el luthier de Pueblo Libertador, José Guiroy, en el Museo de
Artesanías (Quintana 905). Un artesano, dicen las buenas lenguas, que ha sabido
pararse como nexo entre pasado y presente, a través de instrumentos que han
convertido al chamamé en un mosaico de expresiones. Y de color, brillo del
litoral.
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