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Son las 22.10, los tres participantes de Soñando por bailar acaban de llegar a
El Trece, en Constitución, desde la isla de Tigre, donde se desarrolla gran
parte del programa. Están en uno de los camarines comiendo: hay varias bandejas
de masas finas y sándwiches de miga.
Aún falta exactamente una hora y 20 minutos para que sean los verdaderos
protagonistas del programa Soñando por bailar. El debate. Allí harán lo que
mejor saben: se pelearán, develarán secretos íntimos; en fin, se sumarán al
juego televisivo. Algo que de por sí no les cuesta demasiado. "Entré porque
quiero ser famosa como sea", dice Julieta Biesa , la joven de 28 años, cuyo
debut televisivo comenzó con la siguiente frase: "Soy transexual". Hace una
semana que fue eliminada del reality y ya consiguió trabajo. "Seré secretaria en
el programa de Sofovich [Gerardo] en marzo", cuenta.
Hay que caminar unos pocos pasos desde el camarín de Biesa para llegar al de los
panelistas, donde una estilista intenta luchar contra la fuerza de gravedad para
elevar un mechón de la cabellera de Hernán Cabanas, otro de los concursantes,
quien será el gran protagonista de la noche luego de haber confesado un affaire
con Eugenia, una de sus compañeras, mientras su novia, literalmente, lo vio por
TV. Con él, nadie habla. Es una suerte de paria televisivo: hay que respetar el
aislamiento- aunque no total- al que deben estar sometidos los participantes que
desde el 5 de este mes permanecen en la isla aprendiendo a bailar o algo así. Es
más, el resto de los concursantes que participarán del debate están recluidos en
un camarín. Serán "liberados" pocos minutos antes de que empiece el programa.
En busca de rating
A las 23.10, los conductores de Soñando. Denise Dumas y José María Listorti
ya están en el estudio B de El Trece. Hablan sobre los temas que se van a
discutir en el ciclo con los productores, Pablo "Chato" Prada y Pablo Semmartin.
"No necesitamos de mucha preparación porque estamos ya informados de lo que pasó
gracias a las cuatro horas de Este es el show", cuenta Listorti.
Los participantes comienzan a bajar de los camarines dispuestos a discutir y a
polemizar. Se acercan los productores para mantener una charla con los cuatro
participantes invitados. Además, de Julieta y Hernán, aparecen Paula y Gabriel.
"Tres minutos para triunfar", se escucha un grito en el estudio, mientras aún en
los monitores del piso se ven los últimos instantes de Herederos de una
venganza, la ficción que precede al reality. Por el momento, todo parece
tranquilo. Pero, eso es una mera ilusión. Habrá que esperar unos minutos para
que el ambiente se empiece a espesar al ritmo del seguimiento del rating minuto
a minuto. Sobre eso no se enteran los dos hijos de Dumas, Santino, de 7 años, e
Isabella, de 8, que corretean por el estudio.
Caminos conflictivos
Suena "The Time (Dirty Bit)", de Black Eyed Peas. Esa es la señal para saber
que el programa está al aire. Todas las miradas están puestas en Hernán. "Sos un
gran mentiroso", lo acusa el panelista y periodista Rodrigo Lussich tras ver un
tape que mostró lo que el joven había ocultado. Ni más ni menos que a su novia
chilena, Luli Love.
Detrás de cámaras, Prada y Semmartin corren, dirigen y dan órdenes. Están
pendientes de cada una de las palabras de los panelistas y de los participantes.
El programa parece ir por buen camino: el escándalo de Hernán y de sus dos
mujeres ocupa gran parte del debate. Prada permanece detrás de cámara. Desde
allí, dará unas cuantas instrucciones a los conductores para que sigan con el
tema.
- ¿Se buscan los conflictos?
-No. Se dan naturalmente porque los participantes están conviviendo. El hecho de
estar en un lugar fuera de tu casa, como en una isla, y tener que estar
trabajando generan conflictos-, responde Chato Prada.
Aquí no ha pasado nada Sólo hay dos cortes comerciales durante la hora de
emisión. Son los momentos adecuados en los que los panelistas aprovechan para
revisar los celulares y las maquilladoras retocan lo que el calor de las luces
empieza a estropear.
A las 0.30, el programa termina. Pero, las conversaciones continúan. A esta
altura de la noche, parece que los participantes se olvidaron de las confesiones
y de sus verdades a medias. Es como si nada de todo esto hubiera pasado. Están
distendidos, mientras bromean con Listorti. "Diviértanse", les aconseja el
conductor antes de despedirse. La función terminó. Mañana, habrá otra puesta en
escena, otros escándalos y nuevos protagonistas.
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