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Cómo se creó y confeccionó el nuevo telón del Teatro Colón

Mientras le dan los últimos retoques, el Gobierno porteño se prepara para inaugurarlo antes de fin de mes. Llevó 720 horas de trabajo y pesa casi dos toneladas, requirió 530 metros de cordón y mil botones. Se buscó reflejar en él los mismos tonos del Coliseo. Se usaron materiales nacionales.

   

Recostado sobre el suelo del Centro Municipal de Exposiciones, cubierto en parte por un interminable nylon negro y custodiado por los maestros tapiceros que le dieron vida, el nuevo telón del Teatro Colón espera: la creación que el artista plástico Guillermo Kuitca y la escenógrafa Julieta Ascar diseñaron en una computadora a fines de 2009, finalmente será colgada antes de fin de mes, y se convertirá en el único elemento que separe la vida cotidiana del público de la magia de la ópera.

Los números son impactantes: 1.500 metros lineales de tela, un peso total de 1.800 kilográmos, 720 horas de confección y 18 meses de diseño y producción. Pero sorprenden más si se tiene en cuenta que la mayor parte de la obra se realizó de forma artesanal. Tal es la delicadeza que requirió el trabajo, que para ensamblar cada una de las dos hojas de 14 metros de ancho por 23 de alto se utilizaron sólo dos máquinas de coser. La mayor parte fue sólo aguja, hilo y dedal.

La confección fue encargada al equipo de tapicería del Teatro, que había sido excluido meses antes de las tareas de restauración del telón antiguo. “En un principio, las autoridades me pidieron que buscara técnicos por fuera del Colón, pero no había nadie en condiciones de hacer un trabajo así; por eso terminaron aceptándolos”, recuerda Ascar, que estuvo a cargo de
la adaptación en tela del diseño original.
Como debían cumplir con las obligaciones cotidianas de la puesta en escena de las óperas de la temporada, los diez artesanos que participaron lo hicieron fuera del horario laboral, los fines de semana o durante sus vacaciones.

Kuitca y Ascar ganaron la posibilidad de implementar su visión –y un premio de $ 40 mil– en un concurso en el que se presentaron cuarenta propuestas: desde un manto con motivos orientales hasta un cortinado salpicado de luces LED. Ellos mismos compitieron con dos diseños contrastantes incluso en los nombres: Apolíneo, con formas más simples y una impronta contemporánea, y Dionisíaco, el ganador, que busca transmitir la musicalidad a través del movimiento de los motivos bordados en la tela.

La mayor parte del trabajo artístico se encuentra en la guarda inferior y está inspirado en un motivo recurrente en la obra de Kuitca: el plano del teatro reproducido (con diferentes orientaciones) por todo el ancho del paño. Los autores denominan a este diseño la “Planta-Lira”, por sus reminiscencias con el instrumento musical, que aparece también en el telón antiguo. De esta forma, el nuevo telón dialoga con la tradición del teatro. “Las figuras del teatro se disuelven para imitar la música, que es movimiento y continuidad. Incluso en la forma en que se ligan unas con otras hay un efecto musical, es como un pentagrama”, explica Kuitca.

La fabricación de un telón para un teatro como el Colón es un acontecimiento poco usual: el último había sido inaugurado 1920. Por eso no quedaba claro cuánto tiempo iba a llevar su fabricación ni con qué dificultades podían encontrarse en el camino.
El primer problema no tardó en aparecer: no pudieron elegir la tela, sino que debieron adaptarse a la que ya había sido adquirida –una trevira ignífuga– y cosida para el telón proyectado en el master plan original, previo al concurso.

“Cuando la recibimos, estaban todas las costuras mal hechas, fruncidas. Entonces tuvimos que desarmarla y comenzar de nuevo. Solo eso nos llevó casi un mes de trabajo”, relata Alfredo González,
el segundo jefe de tapicería del coliseo.

Otro aspecto que se tuvo en cuenta es la acústica: el cortinado debe actuar como aislante de lo que ocurre en el escenario entre actos. Para lograrlo, se utilizó un forro compuesto por cuatro telas distintas, incluyendo arpillera y lona. El nuevo telón será usado para todas las funciones y el viejo, con 91 años, será aprovechado para eventos especiales. Dionisíaco se convertirá en una atracción en sí mismo.


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Por Gustavo Ajzenman - Perfil