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El pedido de Isabel Perón a Videla el día antes del golpe militar de 1976

En su celda en Campo de Mayo, condenado a prisión perpetua por crímenes de lesa humanidad, despojado del grado militar que lo identificaba como la persona más poderosa del país, Jorge Rafael Videla recuerda las vísperas del golpe de Estado que abriría paso a la dictadura que él presidió durante cinco largos años.

 

La Junta golpista de 1976: Videla, Masera y Agosti.

 

Condenado a prisión perpetua por delitos de lesa humanidad, Jorge Rafael Videla concedió su primera entrevista y rememora desde la cárcel, de puño y letra, las últimas horas del gobierno de María Estela Martínez, viuda de Perón, a la que derrocó, dando inicio al período más oscuro de la historia argentina.

El represor asegura que las Fuerzas Armadas no querían asumir el poder el 24 de marzo de 1976 y que varios dirigentes políticos sabían que se preparaba el golpe de Estado. Quien fuera su ministro del Interior, el procesado Albano Harguindeguy, admite que los militares se sentían “omnipotentes”.

Es una entrevista exclusiva, la primera que brinda. Fue hecha por escrito, a través de un militar retirado que le llevó mis preguntas a la cárcel y tomó nota de sus respuestas; luego este “correo” pasó en limpio las respuestas y, en otra visita, se las leyó; Videla firmó la última página en señal de conformidad.

Un mes después, envié, por la misma vía, seis repreguntas, para aclarar algunas fechas y conceptos. Videla me las contestó por escrito, en lápiz.

Parte de las respuestas de Videla fueron utilizadas para mi último libro, Operación Primicia. La otra parte se publica por primera vez, cuando se está por cumplir el aniversario número 35 del golpe.

Videla, que tiene 85 años y goza de buena salud, afirma que el 5 de enero de 1976 la presidenta Isabel Perón lo citó a la residencia de Olivos, junto con otros dos jefes militares: el almirante Emilio Massera y el brigadier Orlando Agosti. “Estaban presentes varios funcionarios, entre ellos Raúl Lastiri (titular de la Cámara de Diputados y yerno del ex hombre fuerte del gobierno, José López Rega) y el embajador argentino en el Uruguay, Guillermo de la Plaza, entre otros.”

“Uno de los ministros toma la palabra y señala que ante los cambios que se iban produciendo en la situación política del país, era necesario conocer de boca de los comandantes en Jefe si estaban dispuestos a dar su apoyo a la presidenta de la Nación, como una manera de poner fin a las críticas que su gestión provocaba”, sostiene Videla.

“Los comandantes sugieren, de manera sutil pero firme, que si la presidenta tiene el poder lo que debe hacer es ejercerlo. Y preguntan cuál sería el cambio que se estaría produciendo. Es entonces que ese ministro les requiere: ‘Propónganlo’. Los comandantes piden un plazo de 24 horas para elaborar un documento. El plazo es otorgado y los militares se retiran de la reunión con la impresión de la absoluta falta de poder que mostraba Isabel Perón y la certeza de que estaba dispuesta a hacer cambios para mantener su gobierno”, dice.

“El memorándum de los comandantes es elevado, vía ministro de Defensa, describiendo una serie de medidas de tipo políticas, administrativas y económicas que se consideraron necesarias para salir de la crisis. Nunca fue contestada la iniciativa. Nunca más se volvió a hablar del memorándum”, añade.

Distintas fuentes afirman que la presencia en la reunión del embajador De la Plaza fue iniciativa de Licio Gelli, el Venerable Maestro de la logia masónica Propaganda Due, que respaldaba a Isabel. De la Plaza siempre lo negó. López Rega, suegro de Lastiri, estaba vinculado a Gelli y seguía influyendo pese a que había tenido que irse del país.

A esa altura, el gobierno de Isabel desfallecía, víctima, entre otros factores, de su ineficacia para resolver problemas que afectaban la vida cotidiana: la inflación, que en el primer trimestre de 1976 llegaría al 98,1 por ciento; la escasez, y la violencia política: cada cinco horas había un asesinato y cada tres, estallaba una bomba, según el diario La Opinión, de Jacobo Timerman.

En realidad, hacía ya tres meses que Videla y Massera creían que Isabel y el peronismo no podrían remontar la situación. Fue luego del 5 de octubre de 1975, cuando Montoneros lanzó su primer ataque contra un cuartel militar, en Formosa, en la llamada “Operación Primicia”. De inmediato, hubo nerviosas reuniones entre los jefes militares y políticos peronistas como Italo Luder, que era el titular del Senado y candidato de varios sectores para asumir el gobierno. Al final, Luder no quiso quedar en la historia como el traidor de la viuda de Perón.

Videla también incluye al líder de la UCR, Ricardo Balbín, en sus contactos previos al golpe. Se reunieron “unos 45 días antes”, en ‘un lugar neutral’. Balbín “dice que está más allá del bien o del mal y pregunta: ¿van a dar el golpe?, ¿sí o no?. Si es así, háganlo cuanto antes. Evítenle a la República una larga agonía. No esperen de mí un aplauso, tampoco les pondremos piedras en el camino. Están respondiendo a una necesidad”.

En la entrevista por escrito, Videla recuerda que el martes 23 de marzo de 1976 fue citado a las 10 por el ministro de Defensa, José Alberto Deheza, junto con Massera y Agosti. Deheza les dijo: “Ante la falta de poder, la presidenta está dispuesta a cambiar si la ayudan, si las Fuerzas Armadas le brindan su apoyo”.

Videla agrega: “Los comandantes vuelven a manifestar que no veían cómo las Fuerzas Armadas podían brindar su apoyo ya que el régimen constitucional no contemplaba esa situación y que, por el contrario, aconsejaban que ‘habiendo sido elegida, ella debía ejercer el poder’. Y las Fuerzas Armadas no podían ser sustitutas de ese poder.”

Según Videla, Deheza los volvió a citar a las 20, y les dijo: “Hablé con la señora. Insiste en que le den su apoyo”.

“Los comandantes vuelven a argumentar de idéntica forma que en la reunión de la mañana”, sostiene Videla. Y agrega: “Deheza, con esa suerte de indefinición de las Fuerzas Armadas, le sugeriría a la presidenta: ‘Señora, se puede ir a dormir tranquila. Esta noche no va a haber golpe’.”

 

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Por Ceferino Reato (Perfil) Autor de Operación Primicia. El ataque de Montoneros que provocó el golpe de 1976.