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Hace cuatro años, en medio de una llamada telefónica, Paula
Niedenthal comenzó a preguntarse lo que significaba realmente sonreír. La
llamada era de un periodista ruso que la estaba entrevistando para hablar sobre
su investigación en expresiones faciales.
"Al final, me dijo: «¿Así que usted es norteamericana?»", recordó Niedenthal.
"Entonces, sabe -le informó el periodista ruso- que las sonrisas norteamericanas
son falsas y las francesas son verdaderas."
"De pronto, me interesé en el tema", dijo Niedenthal. A pesar de que sonreír es
una de las cosas más comunes que hacemos los seres humanos, Niedenthal descubrió
que la explicación científica del fenómeno era floja.
Desde entonces, la doctora Niedenthal y sus colegas han estudiado una amplia
gama de investigaciones -desde escaneos cerebrales hasta observaciones
culturales-, para elaborar un nuevo modelo científico de la sonrisa.
Creen que pueden explicar no sólo el origen de las sonrisas, sino cómo las
percibe la gente. En un número reciente de la revista Behavioral and Brain
Sciences , sostienen que las sonrisas no son simplemente expresiones de un
sentimiento interno. Las sonrisas, de hecho, son sólo la parte más visible de
una unión íntima entre dos mentes.
Algo más que músculos
Los psicólogos han estudiado cuidadosamente las sonrisas durante décadas,
pero mayormente desde lo externo. Cuando los músculos cigomáticos de nuestras
mejillas se contraen, los extremos de nuestra boca se elevan. Pero la sonrisa es
mucho más que eso.
"Una sonrisa no es esa cosa que aparece" -aseguró la doctora Niedenthal-. Está
relacionada con un cuerpo."
A veces, los labios se abren para mostrar los dientes; a veces, se mantienen
sellados. A veces, los ojos se entrecierran. El mentón se eleva con algunas
sonrisas y con otras cae. Catalogar estas variantes es un importante primer
paso, pero no puede brindar una respuesta al enigma de las sonrisas.
Algunos investigadores han intentado ir más profundo, comprender qué estados
mentales producen las sonrisas. Pensamos que significan felicidad y, en verdad,
los investigadores encuentran que cuanto más intensamente se contraen los
músculos cigomáticos, más feliz aseguran sentirse. Pero esto está lejos de ser
una regla fija. A veces son los mismos músculos los que se contraen cuando la
gente siente tristeza o asco.
La relación entre sentimientos y rostros es todavía más misterioso. ¿Por qué
debería un sentimiento cualquiera curvar nuestras bocas? Esta es una pregunta
que Darwin se planteó durante años. Una clave importante, según dijo, se
encuentra en las caras de los simios que también, en ocasiones, levantan el
borde de su boca. Según Darwin, esas también son sonrisas. En otras palabras,
Mona Lisa heredó su siempre fascinante sonrisa del sonriente ancestro común que
compartió con los chimpancés.
Los estudiosos de los primates han podido clasificar sus sonrisas en unas pocas
categorías. Los chimpancés a veces sonríen por placer, pero también cuando
tratan de fortalecer un lazo social con otro chimpancé.
Niedenthal piensa que algunas sonrisas humanas entran también en estas
categorías. Es más: pueden ser distinguidas por ciertas expresiones. Una sonrisa
vergonzosa a menudo está acompañada por un mentón bajo, mientras que una para
saludar a menudo está acompañada por la elevación de las cejas.
Los chimpancés a veces no sonríen por placer o por lograr una conexión social,
sino por expresar poder. Un chimpancé dominante sonreirá y mostrará sus dientes.
La doctora Niedenthal sostiene que también los seres humanos ostentan una
sonrisa para expresar poder y a menudo elevan el mentón de manera de mirar a los
demás desde arriba.
Pero hacer una expresión facial particular es sólo el primer paso de una
sonrisa. Niedenthal sostiene que la manera en que la otra persona interpreta la
sonrisa es igualmente importante.
Pero lo más importante, sostiene, es que la gente reconozca las sonrisas al
imitarlas. Cuando una persona que sonríe cruza sus ojos con otra, ésta sin
saberlo también remeda una sonrisa. Niedenthal y sus colegas citan
investigaciones que indican que esta imitación activa muchas de las mismas
regiones cerebrales que están activas en el que sonríe.
Una sonrisa feliz, por ejemplo, está acompañada por actividad en los circuitos
cerebrales de la gratificación y mirar una sonrisa feliz puede despertar también
esos circuitos. Remedar una sonrisa amistosa produce un patrón de actividad
cerebral. Activa una región del cerebro llamada corteza orbitofrontal que
distingue los sentimientos que tenemos por la gente con la que tenemos una
relación cercana de la de otros. La corteza orbitofrontal se activa cuando los
padres ven sonreír a sus propios bebés, por ejemplo, pero no cuando ven a otros
niños.
Gestos falsos
"Expresar las sonrisas no sólo permite que la gente reconozca las sonrisas",
asegura Niedenthal. También les permite reconocer las sonrisas que son falsas.
Cuando inconscientemente imitan una sonrisa falsa, no experimentan la misma
actividad cerebral que cuando experimentan una auténtica. Esa experiencia les
hace saber que algo está mal.
En un estudio, ella y sus colegas están experimentando la idea de que la
imitación permite a la gente reconocer las sonrisas auténticas. Mostraron
imágenes de gente sonriente a un grupo de estudiantes. Algunas de las sonrisas
eran genuinas y otras, falsas. Los estudiantes rápidamente pudieron establecer
la diferencia entre ellas.
Luego, Niedenthal y sus colegas pidieron a los estudiantes que colocaran un
lápiz entre sus labios. Esta simple acción involucró los músculos que de otra
manera podían producir una sonrisa. Al no poder imitar las caras que veían, los
estudiantes tardaron mucho más en determinar qué sonrisas eran reales y cuáles
eran falsas.
La doctora Niedenthal y sus colegas también evaluaron la importancia del
contacto visual en las sonrisas. Hicieron que los estudiantes miraran una serie
de retratos como el del Caballero sonriente, del artista Frans Hals, del siglo
XVII. En algunos retratos, el sujeto retratado no miraba al espectador, mientras
que en otros las miradas se encontraban. En algunas pruebas, los estudiantes
miraban pinturas que tenían los ojos tapados.
Los participantes establecían el impacto emocional de la pintura. La doctora
Niedenthal y sus colegas encontraron, como lo habían previsto, que la gente
sentía un mayor impacto emocional cuando los ojos estaban descubiertos que
cuando estaban tapados. La sonrisa era idéntica en todas las pinturas pero no
era suficiente. Es más: se advertían diferencias que eran más grandes cuando la
cara del retrato tenía contacto ocular directo con el espectador.
Niedenthal sospecha que tanto ella como los otros psicólogos apenas están
comenzando a aprender los secretos de sonrisas que los artistas explicaban hace
siglos. Quizás hasta sea posible comprender por qué la sonrisa de Mona Lisa es
tan poderosa.
"Yo diría que la razón por la que ha sido tan exitosa es porque uno logra el
contacto ocular con ella -dijo Niedenthal-; además, el hecho de que el
significado de su sonrisa sea doblemente complicado se debe a que la propia
imitación de ella es también misteriosa y difícil."
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