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Para el amor hay lociones, versos, música y hasta
particulares zonas del cerebro que se prenden y apagan como luces en Navidad.
Las últimas investigaciones confirman con detalle cuáles son esos lugares que
transforman a una cabecita normal en una enamorada.
Y no sólo eso, sino la velocidad extrema con que lo hacen: la reacción del
cerebro enamorado ante el estímulo del objeto del deseo es de una quinta parte
de un segundo, según un trabajo realizado por investigadores de la Universidad
de Syracuse (Estados Unidos) aún no publicado (se trata de un work in progress).
El equipo comandado por Stephanie Ortigue les practicó electroencefalogramas de
alta densidad a personas apasionadamente enamoradas. “Encontramos que algunas
respuestas del cerebro relacionadas con el amor eran activadas muy rápidamente,
dentro de ese lapso de 200 milisegundos del procesamiento visual”, dijo Ortigue
en diálogo con PERFIL. Automatismo que no implica que no estén involucradas
áreas complejas del cerebro; de hecho, enamorarse parece un evento nuevo desde
el punto evolutivo (errores que no cometen otros animales, diría un cínico).
El mecanismo usado es el mismo de las adicciones más fuertes (el paralelo es la
cocaína), pero eso no significa que se usen áreas elementales o evolutivamente
primarias; más bien lo contrario, según explicó Ortigue, quien visitará
Argentina hacia fin de año (ver recuadro con entrevista).
Algo que corrobora Facundo Manes, director de Ineco y del Instituto de
Neurociencias de la Fundación Favaloro: “Son diversos los estudios de resonancia
funcional que dan cuenta de que en el amor se activan sistemas de recompensa del
cerebro y se desactivan los circuitos cerebrales responsables de las emociones
negativas y de la evaluación social. Lo que sugiere que el fuerte lazo emocional
de una persona experimentando amor inhibe las emociones negativas y afecta el
circuito neural involucrado en realizar un juicio social sobre la otra persona”,
señaló.
Ezequiel Gleichgerrcht, también neurocientífico de Ineco, señaló que “además de
los conocidos circuitos de recompensa, también hay áreas de procesos cognitivos
superiores, como el lóbulo frontal, que está exacerbado. Es decir, nos ponemos
creativos, tenemos más capacidad de abstracción”. En definitiva, “en general
hace bien estar enamorado pero, al activar la zona de recompensa, como droga
también puede hacernos mal, porque obnubila”. Paradojas del amor.
Significado. En sus trabajos, Ortigue trabaja con distintos conceptos de amor
porque parece claro que no todos son iguales pero hacen falta definiciones
precisas para una evaluación desde la ciencia. Entonces se define al amor
apasionado como aquel que lleva a una intenso anhelo de unión con otro;
diferente de otro amor de pareja que se caracteriza por el deseo de acompañar al
otro (y que es menos fuerte, desde luego). Por último, está el amor
incondicional, que es el de los padres por sus hijos.
Gleichgerrcht señala que la investigación de Ortigue “demuestra que el amor
incondicional y maternal dependen de las regiones más primitivas del cerbero.
Algo que tiene sentido para la evolución. En cambio, el pasional está más
asociado con la recompensa y las áreas cognitivas más nuevas, como por ejemplo,
las de imagen corporal”. Pero Manes recalca que el cerebro no creó un lugar
nuevo para enamorarse, “sino que es resultado de la convergencia de una
constelación de sistemas neurales”. No obstante, el mismo Manes, pese a trabajar
en el campo, pide cuidado con las falsas extrapolaciones. Explicó que “en las
últimas décadas la resonancia funcional ha revolucionado la manera de estudiar
la relación entre el cerebro y la conducta in vivo. Pero debemos ser cautos en
la interpretación de los resultados ya que sólo proveen una asociación entre un
área cerebral y una conducta o proceso cognitivo determinado”.
Velocidad. Pero cuidado, que el cerebro reaccione velozmente no indica que todo
el cuerpo debe irle en zaga. Otro estudio, en este caso de la Universidad
Brigham Young, demostró que las parejas que retrasan su llegada al acto sexual
tienen más posibilidades de tener una relación duradera y con más alto
bienestar. Según el análisis de los investigadores, tiene que ver con el hecho
de que no llegar rápido a la cama permite a la pareja conocerse más en
profundidad y hasta mejorar la calidad del sexo cuando llegue. Como en otros
casos, la ciencia propone y la urgencia dispone.
“El amor es algo complejo”
—¿Qué otras investigaciones están realizando ahora sobre la neurociencia del
amor?
—La ciencia del amor es un campo complejo. Ahora tenemos una idea de dónde
reside el amor en el cerebro, pero necesitamos estudiarlo a un nivel genético y
hormonal y comprender cómo la red neuronal del amor puede ser modulada a través
del tiempo por una amplia variedad de factores. Muchas preguntas permanecen sin
respuesta. Por ejemplo, se sabe poco sobre la conciencia del amor. Por qué
necesitamos estar conscientes de nuestro amor por alguien. Cómo la conciencia
del amor crece en los seres humanos. Y también cómo cambia a través del tiempo
en una relación de pareja. Las respuestas a estas preguntas pueden abrir nuevas
avenidas de tratamiento a individuos que sufren de falta de amor o soledad.
—¿Qué tan lejos está la ciencia de conocer todo respecto de cómo los
mecanismos del amor funcionan?
—Hace falta mucho trabajo para comprender cómo funciona realmente esa red
neuronal. No sólo en el amor pasional sino en otras formas de amor, como el amor
de los padres o el amor incondicional. Cuanto mejor sea nuestra comprensión del
amor, mayor nuestro respeto a la significación y la potencia de su rol en la
salud mental y física.
—¿Realmente toma 0,2 segundos enamorarse?
—Sí, es un trabajo que aún no hemos publicado.
En síntesis, usamos electroencefalogramas de alta densidad en personas
apasionadamente enamoradas y encontramos que algunas respuestas del cerebro
relacionadas con el amor eran activadas muy rápidamente, dentro de ese lapso de
200 milisegundos del procesamiento visual.
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