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El excéntrico y verborrágico millonario dice orgulloso: "con la educación de mis
hijos hice un gran trabajo", con ellos, Fort se transforma en papá y sus
debilidades quedan al descubierto. El chocolatero abre las puertas de su casa y
muestra su faceta menos conocida.
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Millonario, excéntrico, verborrágico, capaz de
pelearse en cámara con quien se atreva a contradecirlo o a enfrentarlo. Así se
muestra Ricardo Fort en público y en su intimidad cuando tiene que tratar con el
séquito con el cual convive. Sin embargo, existe otro Ricardo Fort, quizás el
menos conocido por el público, ése es el padre de Marta y Felipe, sus dos hijos,
que el próximo 8 de febrero cumplirán 8 años.
Allí las ambigüedades y las contradicciones de su personalidad no desaparecen,
pero sí toman otra forma. Con ellos, Fort se transforma en papá y sus
debilidades quedan al descubierto. Por eso, aunque los niños pasan mucho tiempo
con niñeras y aún son muy chicos para entender el universo que rodea a su padre,
son los únicos que conocen a Fort al natural. “Ellos conocen a su papá tal cual
es. No los dejo mirar muchos programas de televisión porque dicen barbaridades
de todo tipo, pero mis hijos conocen todo de mí”, empieza a contarle a Semanario
Fort, cómodamente instalado en la terraza del complejo “La Pedrera”, que alquiló
en Villa Carlos Paz y que entre sus comodidades cuenta con una pileta con
cascada incluida, jacuzzi, gimnasio, garage para tres autos, diez habitaciones y
un chef instalado permanentemente en su cocina.
Frontal y directo aclara que Marta y Felipe lo vieron tal cual es desde chicos,
por eso cuando él declaró públicamente su bisexualidad no fue un inconveniente
para los niños. “No hizo falta hablarlo porque ellos desde chicos vieron a su
padre con hombres y mujeres. Sí hubo una charla cuando mi hija me preguntó por
qué me besaba con un hombre en el escenario, y tuve que explicarles, pero nada
más para ellos es algo natural”, insiste. Aunque trata de mostrarse firme y
seguro el tema parece incomodarlo, por eso al terminar la producción fotográfica
Matita y Felipe se retiran jugando con sus dos mascotas Mila, un Boston Terrier
y Chula un Cresta China, dos perros tan pequeños que parecen hechos a medidas de
los niños, que no se cansan de jugar con ellos y de estrujarlos cariñosamente.
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