Artículo de Clarín
A poco más de una semana del
crimen, el paisaje nocturno no parece haber cambiado. Es un sitio
elegido por los menores de 25 y por los surfistas para pasar sus
vacaciones.
Argentinos bebem muito, muito".
Marcia, camarera de una lanchería en la Estrada Geral, la calle
principal de Ferrugem se lleva el pulgar a la boca para describir a los
turistas —jóvenes, argentinos, de clase media acomodada— que pasan sus
vacaciones en Ferrugem, la meca del surf de Brasil.
Nueve noches atrás un grupo
formado por los mismos jóvenes, argentinos y de clase media que hoy ríen
mientras toman una capirinha, mató a golpes a Ariel Malvino (21). Un
chico que, igual que ellos, había venido a montar olas en un paraíso
rodeado de morros y de agua turquesa.
A poco más de una semana del
crimen, el paisaje de la noche de Ferrugem —a 100 km de Florianópolis—
no parece haber cambiado demasiado: chicos tomando, chicos bailando,
chicos caminando, chicos en todas partes. Es que Ferrugem es el reino de
los sub 25. Suficientemente grandes como para tener licencia de conducir
(indispensable para moverse en estas playas) y suficientemente chicos
para un plan de vacaciones que incluya volver a la cama antes de la
tres.
La apreciación de Marcia
sorprende en un país en el que la gente pide la primera cerveza en la
playa a las 10 AM. "Toman más que los brasileños —sigue— y son mucho más
peleadores".
Dueños de posadas, mozos y hasta
funcionarios deslizan que el alcohol es la principal causa de las brigas
(peleas), aún más que la droga. "Están pintando al pueblo como un
paraíso de drogas, pero no es así —defiende Lara, rionegrina y socia de
El Patio, un restorán de comida argentina— En Río hay mil veces más.
Igual da un poco de vergüenza que el crimen sea por una pelea entre
compatriotas".
Muchos de los dueños de posadas y
restoranes de Ferrugem son argentinos. "Recibí la colaboración de todos
cuando comencé a juntar datos sobre la muerte de Ariel", agradece Juan
Carlos García Dietze, el abogado amigo de la familia Malvino. Lara dice
que el asesinato no afectó el negocio, pero que todos piensan qué va a
pasar en la próxima temporada.
"Los pibes se ponen en pedo y
empiezan a hacer boludeces. El otro día un grupito se puso a cantar en
contra de Brasil. Yo me pregunto ¿para qué vienen si no les gustan los
brasileños?", dice Martín también argentino.
Dando vueltas por Ferrugem y el
puñado de playas que la rodean se escucha hablar más castellano que
portugués. Y con todas las tonadas. Hay muchos porteños, pero también
chicos del Litoral y del Norte a los que la costa brasileña no les queda
demasiado más lejos que las playas de Buenos Aires.
Mariano tiene 18 y vino desde
Rosario. "Está buenísimo. Es como Gesell", dice sentado en un pub en el
que una pantalla gigante transmite un recital de los Stones. Y sacándole
un par de mosquitos y unos grados de temperatura, la Estrada Geral
podría ser la Avenida 3 un sábado a la noche.
El centro de Ferrugem no tiene
más de cinco cuadras. La Estrada Geral es una calle mitad adoquines,
mitad arena repleta de bares. La mayoría no abre hasta las 18, pero la
verdadera movida recién empieza después de las 24.
"Amigo, dos más. Una, fuerte",
reclama José, un riojano de 20 años, y se va de la barra con dos
caipiroshkas, caipirinha hecha con vodka. Bali Bar, un complejo de pub y
disco instalado en una casa tai, es el boliche de moda. Justo enfrente,
en la calle, murió Ariel. El viernes a las tres de la mañana su muerte
no parecía haber interrumpido la diversión. "En Buenos Aires lo
agrandaron mucho", vuelve a la carga José y cuenta que la noche de la
pelea llegó cuando el cuerpo de Ariel ya estaba en el piso. Asegura que
del tema se habló durante dos o tres noches, pero que a nadie le dio
miedo. Valerio, taxista nacido en Ferrugem, si acusa la diferencia. "Hay
menos gente, las posadas perdieron clientes".
Enero es el mes de los
argentinos. A partir del miércoles llega el turismo local. "Los
argentinos gastan más —apunta Paulo, barman de Bali Bar—. Nunca se van
hasta las seis de la mañana".
Las últimas horas de la madrugada
los chicos la pasan en la calle. El año pasado, el Gobierno prohibió a
los bares permanecer abiertos después de las cuatro, como un intento de
que la noche dure menos. "Después de estar cinco horas chupando, se
arman las peleas. Porteños versus chicos del interior, argentinos contra
brasileros, Boca contra River. Cualquier excusa es buena para agarrarse
a las piñas", confía Claudio, un argentino que hace seis años vive en la
zona. El jueves 19 la combinación se llevó la vida de Ariel.
Surf y picaditos en la playa
Reggae, bastante
viento y lonas con equipo de mate. La playa de Ferrugem es una mezcla
del Caribe y Mar del Plata con picaditos, pelota paleta y queijo na
brasa (una especie de provoleta en palito de helado) incluido. Pero su
corazón es el surf. Compite con la vecina Praia do Rossa para captar lo
mejor del circuito internacional. En marzo será la primera parada del
Supersurf, el campeonato brasileño.
Marcelo Rosa Machado,
surfer local, dice que el mejor momento para montar olas es el invierno:
"Ahora está lleno de gente". El sábado a las cinco de la tarde casi
todos los que colman el mar y la arena son argentinos. Juan Cruz
Viloccio, de Lobos, está escuchando música sentado en un médano: "Yo,
surf cero. Acá lo lindo es venir a la playa".
Gentileza: Elena Peralta enviada especial del Diario Clarin a Ferrugen
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