Nueva tendencia de consumo: el supermercado ético, donde el cliente es el dueño

En España, Madrid y Barcelona importan desde Francia y Nueva York un modelo cooperativo que promete a los socios precios que llegan a estar hasta un 40% más baratos a cambio de unas horas de trabajo al mes. La diferencia de precio con las grandes cadenas es el fuerte de estos establecimientos, donde solamente pueden comprar los socios.

Jose Antonio Villarreal, uno de los impulsores del supermercado cooperativo La Osa, al norte de Madrid.


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Varios proyectos en Madrid y Barcelona pondrán en marcha en los próximos meses supermercados cooperativos que ofreceran precios entre un 15% y un 40% más bajos además de un trato ético a sus proveedores. La fórmula: socios que trabajan unas horas al mes y son propietarios del establecimiento. Esta iniciativa le da la vuelta al modelo de las grandes cadenas que deciden qué marcas venden, cuánto pagan a los productores y qué margen de beneficio obtienen. El nuevo modelo (en España) se inspira en una cooperativa creada en 1973 en Nueva York (Park Slope Food Coop) y ha recibido un impulso tras el éxito de La Louve, un súper participativo que funciona con éxito en París desde 2016.

"Los supermercados cooperativos y participativos tienen tres características: tienen que ser una amplia superficie, donde hay tanto productos convencionales como biológicos; solamente pueden comprar los socios; y tenemos una política de compra responsable, donde es fundamental la cercanía, el impacto ambiental y la calidad de los productos", explica José Antonio Villarreal, uno de los fundadores de La Osa (cooperativalaosa.com). Este mamífero de reminiscencias madrileñas da nombre a un proyecto que se prepara en la zona norte de la capital y que cuenta ya con 450 socios -siguen buscando más-, cada uno de los cuales ha pagado 100 euros para poseer una parte del futuro comercio. Cuando arranque, a lo largo de 2020, cada propietario deberá trabajar tres horas al mes para ayudar en el funcionamiento de la superficie.


¿Qué se obtiene a cambio?

No se busca el beneficio económico, sino abaratar los precios del producto y contar con alimentos de mejor calidad", responde Natividad Casanova, socia de Supercoop (supercoop.es), otra de las iniciativas que está a punto de arrancar en la capital. En este caso, con una fuerte vinculación con Lavapiés, un barrio con una larga tradición de autoconsumo y relación con los productores locales. "El espacio va a estar incrustado en el barrio. Y eso nos va a servir para producir relaciones sociales y vecinales, que tanta falta hacen en las grandes ciudades. En este proyecto el centro es la persona, buscamos un consumo humanizado", añade Casanova. Supercoop es la iniciativa más avanzada de las que están en marcha, porque ya tienen la cesión del uso de un local de más de 700 metros cuadrados en el mercado de San Fernando y prevén empezar las obras en breve. Por ahora, aglutinan a 550 socios y esperan llegar al millar en cuanto abran, en febrero o marzo de 2020.

La diferencia de precios con las grandes superficies será uno de los puntos fuertes de estos establecimientos. En Park Slope Food Coop, el pionero de Nueva York, los precios son hasta un 40% más baratos en los productos convencionales, mientras que los productos ecológicos también tienen precios más competitivos. "Ellos llevan muchos años y tienen 16.000 socios, de hecho tienen hasta lista de espera. Nosotros al principio tendremos que tener un pequeño margen comercial para pagar los primeros gastos, pero cuando seamos más socios repercutirá muchísimo en el precio, porque además la mayor parte de la fuerza laboral se hará con trabajo voluntario", dice Oscar Maire-Richard, socio de Supercoop. Mientras, Villarreal calcula que los precios en La Osa serán "entre un 20% y un 40% más baratos que en un supermercado normal", aunque también habrá una primera fase con un margen comercial más alto para pagar las obras.

Las iniciativas madrileñas se han trasladado a Barcelona, aunque allí todavía están en un punto anterior. "Nos hemos agrupado unas 30 personas, pero todavía no tenemos local, con lo que es difícil conseguir cooperativistas", explica Carmen Campo, de Food Coop Bcn. Buscan un sitio en el que establecerse en el barrio de San Andreu y beben del ejemplo de La Osa, con cuyos promotores hablan a menudo. "Hay un caldo de cultivo muy fuerte en el que la gente piensa cada vez más en lo que come, y la vía que estamos proponiendo es bastante buena para encontrar un encaje a esta preocupación. Si esto funciona ya en otras partes de Europa, puede funcionar aquí", continúa Campo.

El caso en el que todos se miran es La Louve (la loba), que arrancó en noviembre de 2016 en París y ya tiene 4.500 socios. "Hasta que pusimos en marcha La Louve, todos los intentos de imitar la cooperativa neoyorkina habían fracasado. Nosotros estuvimos cinco años estudiando su modelo y su funcionamiento", cuenta por correo Tom Boothe, fundador de este 'súper' parisino. "La diferencia de precios con otros supermercados es entre el 15% y el 40%. Además, el espacio es un lugar de sociabilidad, de convivencia y de educación abierto a todos que permite el acceso a productos de calidad", añade Boothe, que confirma que han trasladado su experiencia a los dos proyectos de Madrid y al de Barcelona.

El economato ecológico Biolíbere, en Getafe (Madrid).

Otras experiencias que ya están en marcha en España se asemejan a los supermercados cooperativos, aunque no cumplen los mismos requisitos -solo para socios, venta de productos convencionales y compra responsable-. Biolíbere, en Getafe, solo vende productos ecológicos y permite comprar a los no socios. "La gente que empieza a comprar se acaba asociando. Nuestro centenar de socios pueden comprar con un 7% de descuento", señala Emilio Lázaro, uno de sus fundadores. Ahora ocupan un local de 70 metros cuadrados y preparan el salto a un espacio de unos 200 metros. "La gente está tomando conciencia de lo que le estamos haciendo al planeta. Los supermercados cooperativos en el futuro van a ir a más", prevé Lázaro.

Som Alimentació abrió en 2018 en Valencia como supermercado cooperativo, si bien los no socios también pueden comprar (los 550 cooperativistas tienen un descuento del 20%). "El 85% de lo que tenemos es ecológico, pero también trabajamos con producto convencional", cuenta Fernando Navalón, uno de sus fundadores. En Madrid funciona desde hace cinco años 2dEcológico, un grupo de consumo ecológico -con 250 miembros- cuyos creadores impulsan ahora La Osa. Otros proyectos con características cooperativas son A Vecinal (Zaragoza), donde cualquiera puede comprar, y Landare (Pamplona), en la que el trabajo lo hacen profesionales y solo tienen productos ecológicos.

Los ciudadanos cada vez tienen más conciencia ecológica y sostenible, por lo que la semilla de este tipo de establecimientos puede prender en toda España. "El supermercado cooperativo es un paso lógico en la búsqueda de la soberanía alimentaria a partir de los grupos de consumo y de la concienciación ecológica", resume Maire-Richard, de Supercoop. "Es el momento de que este modelo se propague, solo falta que haya gente que se anime a hacerlo", concluye Navalón, de Som Alimentació.

LOS GRUPOS DE CONSUMO, EL GERMEN COOPERATIVO

Los grupos de consumo autogestionado son el germen de los supermercados cooperativos. Se trata de vecinos que se unen para realizar pedidos semanales a productores locales, bien escogiendo los productos previamente, bien recibiendo una cesta de productos de temporada. El reparto y las gestiones suelen realizarlo los socios, por turnos, una vez a la semana y en un lugar definido previamente, como un bar o un mercado. El primer grupo de consumo autogestionado de Lavapiés (Madrid) se creó en 1999 con el nombre de Bajo el asfalto está la huerta. Desde entonces, el crecimiento de este tipo de iniciativas se ha extendido por la capital, y por otras ciudades, de forma exponencial. Los supermercados cooperativos suponen ir un paso más allá, al sumar a estas características un espacio propio y todo tipo de productos (no solo ecológicos ni locales).




Gentileza: El País




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